24/3/17

La Política Exterior Argentina ante conflictos internacionales



Las idas y venidas de un gobierno democrático que no definía en que posición quedarse ya que llevamos años fuera del la órbita a nivel Mundial o casualidad solamente nos conocían por la Selección Argentina de Fútbol..
Pero llegó el momento de decidir cuando se ponen con ayudas y después veremos cómo se comportan si siguen robando... Por fin se deciden cuando viene el Kuwaití y dice ponemos 2 millones de Dólares, ahí se puso la maquinaria en funcionamiento de la Partida al Golfo Pérsico...ARA BROWN Y ARA SPIRO. No termina acá quien se quedó con ese vuelto y pregonado por una ley, que reconozcan como Veteranos de Guerra del Golfo Pérsico.
Recorda estas caras;

 Pte. Menem y D. Cavallo Canciller 1990


Pte. Menem con el Ministro de Energía de Kuwait


El final del siglo XX quedará grabado para siempre en la historia de la humanidad por los vertiginosos cambios políticos y sociales que se sucedieron en el transcurso de tres años: 1.989, 1.990 y 1.991.El imparable ciclo de sucesos comienza con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1.989, sigue con el derrumbe de los socialismos en Europa de Este, pasa por la crisis y Guerra del Golfo Pérsico en 1.990 y 1.991, y se cierra con el desmembramiento de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1.991.Culmina así el orden mundial de Guerra Fría que tuvo en vilo al planeta durante cuarenta y cinco años.

Estados Unidos resultó la única superpotencia victoriosa de esta contienda. En la República Argentina, se producía en 1.989 el primer traspaso del poder presidencial de un presidente constitucionalmente elegido a otro desde 1.973, cuando Lastiri pasase a Perón los atributos de mando. Menem, y su grupo de asesores más cercanos, estaban decididos a desplegar una accionar exterior que reinsertarse a la República Argentina en una posición destacada en el sistema internacional.

Para ello, encaró una serie de reformas políticas y económicas estructurales tanto en el ámbito interno, como en el exterior. Menem se vio claramente influido por los sucesos del contexto internacional. Siendo Estados Unidos el único poder hegemónico que se erguía en el mundo en la década que se iniciaba, el mandatario argentino resolvió firmemente alinearse en lo político con el país del norte, superando definitivamente una larga historia de desencuentros en las relaciones bilaterales.
La Guerra del Golfo fue el test case por excelencia que demostraría hasta qué punto llegaría la adhesión de Argentina al orden impuesto por Estados Unidos.

El proceso de  toma de decisiones al respecto, se caracterizó por su alto grado de concentración en la figura del Presidente de la Nación y de algunos de sus ministros más emblemáticos, como el Canciller Domingo Cavallo y el Ministro de Defensa Humberto Romero.

En otras palabras, se dio un proceso decisorio que puede encuadrarse teóricamente dentro del Modelo I descrito por Graham Allison en su libro
“La Esencia de la Decisión”: "
El intento de explicar los acontecimientos internacionales a través del recuento de los propósitos y cálculos de naciones o gobiernos constituye la marca distintiva del Modelo de Actor Racional.(Allison, 1.987:31).
Prácticamente no se dio cabida ni al Parlamento ni a la opinión pública en el proceso. La decisión fue tomada por el gobierno, realizando un cálculo racional de costos y beneficios. Argentina envió finalmente fuerzas armadas al Golfo para integrar la coalición multilateral que liberó Kuwait aún sin haber contado nuestro país con el pedido de ayuda militar de Estados Unidos.


El contexto internacional en esta oportunidad se mostró lo suficientemente flexible como para permitirle a nuestro país semejante jugada. La presencia de una nación sudamericana en la coalición era funcional a las necesidades de los protagonistas de la contienda de legitimar internacionalmente una operación de la envergadura de TORMENTA DEL DESIERTO de tal manera que no fuese vista por los estratégicamente imprescindibles aliados árabes como una incursión imperialista de Estados Unidos.
Luego del discurso del presidente George Bush del  11 de septiembre de 1.990, en el que el presidente estadounidense hizo referencia al surgimiento de un Nuevo Orden Internacional, Menem percibió claramente que el sistema estaba ante una instancia excepcional de redefinición de sus reglas de juego futuras.
Se trataba de un momento en el que había dos alternativas dicotómicas de opción estratégica:

1) neutralismo absoluto como rasgo general de su política exterior (respondiendo a una de las más constantes variables de la política exterior argentina que subsistía aún en esa época); o bien
2) adhesión irrestricta al esquema planteado por Washington y participación activa dentro del mismo (aún sin la solicitud expresa de la potencia del norte). De esta actitud, se obtendrían claros beneficios, y se minimizarían los costos en todo sentido. Los beneficios, como bien lo expresó Escudé tiempo después de las operaciones, implicarían:
a) entrenamiento gratis y del mejor nivel para la Armada Argentina;
b)  buenos sueldos para los hombres que participaron de la operación (cosa que escasea en esta época de bancarrota del Estado argentino);
 c) Importantes negocios en la reconstrucción de Kuwait en el campo de barrido de minas y en la extinción de incendios de pozos petroleros;
d) un incipiente nuevo rol para unas fuerzas armadas argentinas que están gravemente necesitadas de una razón de ser y de una misión significativa, ahora que las principales hipótesis de conflicto con los países limítrofes han quedado descartadas.

Los costos, medidos en términos económicos no habrían de producirse, dado que se acordó con los países directamente afectados por la crisis, que serían éstos los principales financistas de la participación de nuestras tropas en la coalición libertadora

En efecto, cuando el ministro de energía y agua de Kuwait visitó Argentina a mediados de septiembre de 1.990 para solicitar oficialmente la participación de nuestras fuerzas en la coalición libertadora, la condición fue el compromiso del Emirato de depositar 22 millones de dólares en un banco londinense para financiar las operaciones. En septiembre de 1.990, las arcas de la República se veían absolutamente imposibilitadas de costear las operaciones de la Armada, a pesar de la voluntad política demostrada por el gobierno.



En el caso concreto que estoy estudiando, el representante del Ejecutivo que más actividad desplegó después del presidente para la implementación de la decisión y su posterior defensa, fue sin dudas el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo. Apenas se produce la invasión iraquí de Kuwait, Menem comenta a su Canciller que tiene intenciones de mandar tropas a la zona; dado que avizoraba la formación de una coalición internacional contra el régimen de Saddam Hussein, de la que no quería quedar fuera.

De la misma manera, adhiere sin demora a la resolución 661 del Consejo de Seguridad de la ONU, que preveía sanciones económicas y comerciales contra él o iraquí. Sin embargo, Cavallo no se mostraba demasiado convencido al comienzo del envío de fuerzas al Golfo.

Específicamente porque calculaba que tal determinación acarrearía costos políticos internos, según lo demostraban las opiniones de otros funcionarios que había consultado. Menem, con todo, exhortó a su ministro a literalmente “no escuchar a nadie que se opusiese a su iniciativa”. Cavallo considera que Argentina debería actuar adhiriendo a las medidas que las  Naciones Unidas tomasen con relación a Irak, pero consideraba exagerado el envío de tropas a la región.

A pesar de esto, el presidente envió a su ministro a sondear opiniones al exterior para que se convenciera por sí mismo de lo acertado de su decisión. Así se entrevistó en Italia con el demócrata cristiano Primer Ministro Andreotti; con el socialdemócrata presidente Craxi y con su Canciller De Michelis, de la misma extracción partidaria. 

Los tres políticos se mostraron interesados en la participación argentina en las operaciones de algún modo, dado que la presencia de un Estado latinoamericano contribuiría a legitimar diplomáticamente las acciones de las naciones Unidas (embargo total, según la resolución 661/90 del Consejo de Seguridad) ante el resto los países árabes, que no verían detrás de todo una acción estadounidense tendiente a agredir al Islam, como proclamaba Hussein.

En los mismos términos se pronunció el presidente egipcio Mubarak, y su entonces Canciller Boutros Galhi. Ante estos argumentos, Cavallo se convenció definitivamente que Argentina debía participar no solamente de las sanciones, sino que también debía mandar tropas en caso de conformarse una coalición militar multinacional para apoyar tales medidas.

En virtud de ello, instruye a su jefe de gabinete, Guillermo Seita, para que consulte al Consejo Superior de Embajadores - órgano que según el artículo 26 de la Ley de Servicio Exterior fue creado para asesorar al Canciller en materia de política exterior – para que se elaborase un plan para el envío de fuerza al Golfo. A partir de ese momento, aunque de manera subordinada a la férrea voluntad presidencial, entra a jugar en este proceso decisorio el segundo actor de este proceso decisorio: la Cancillería argentina.

Es destacable el hecho que Cavallo, a diferencia de su sucesor Guido Di Tella, consultaba frecuentemente al Consejo Superior de Embajadores, además de a sus asesores privados. En esta ocasión, en el mencionado órgano, todos, salvo el Embajador Lucio García del Solar se pronunciaron a favor de la medida. Sin embargo, otros sectores del Palacio San Martín se manifestaron en desacuerdo con el posible envío de tropas. 

Desde el punto de vista de los funcionarios encargados del área de política exterior del ministerio, se adujo que el involucramiento argentino quebraría la larga tradición argentina de neutralidad en los conflictos bélicos extra regionales.

Este argumento fue decididamente desechado por el presidente, dado que su visión era que la posición neutral de la República en las dos conflagraciones globales había  ocasionado dificultades para la posterior inserción exitosa del país en los sistemas internacionales surgidos de ambas posguerras.

Menem estaba convencido, según lo manifestó en reiteradas oportunidades a lo largo de septiembre de 1.990, que la participación argentina en el bando aliado en la crisis del Golfo Pérsico, facilitaría el ingreso del país en el sistema económico mundial de la posguerra fría, logrando de esa manera un incremento instantáneo del flujo de inversiones extranjeras al país.
Es necesario destacar que a pesar del optimismo presidencial, el mismo embajador estadounidense ante Argentina, Terence Todman, aun habiendo expresado el beneplácito de su gobierno por la iniciativa nacional, se encargó de dejar en claro que la ayuda militar de nuestro país al suyo ante la emergencia en cuestión no sería algo que cambiaría las relaciones económicas bilaterales; que no implicaría un aumento automático del flujo de inversiones del país del norte; y que no supondría un cambio de fondo en el tratamiento de la deuda externa.

Otro sector que no se declaró enteramente favorable al envío de tropas nacionales al Golfo, fue la secretaría legal de la Cancillería. En efecto, el 29 de agosto de 1.990, cuando de hecho Menem ya había tomado su decisión, Horacio Basabe, consejero legal del Palacio San Martín, elaboró un memorando secreto en el que especificaba que el Poder Ejecutivo debería consultar al Congreso Nacional para la salida de fuerzas nacionales en caso de solicitud de los países citados en el párrafo 1 de la resolución 665 del Consejo de Seguridad de la ONU. La Carta de San Francisco es ley de la Nación. En su capítulo VII, más concretamente en su artículo 43 queda establecida la obligación de los miembros de la organización de colaborar con la ayuda necesaria para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

Lo cierto es que de una u otra manera, el Consejo de Seguridad no demandó oficialmente la participación argentina en una fuerza de paz. 

Por esto, una iniciativa como la que se proponía Menem, debería contar con la anuencia legislativa correspondiente. A pesar de lo acertado del memorando de chancillería, Menem ordenó la elaboración de otro documento un día después del anuncio del envío de las fuerzas argentinas al Golfo, rectificando el precedente. En este último texto constaba que la secretaría legal del ministerio no había hecho un análisis exhaustivo de todas las posibilidades ofrecidas por la resolución 665, sino que se había limitado a responder la pregunta planteada.

Finalmente, llegó el momento de la decisión. Menem  estaba totalmente seguro del paso que estaba dando. Y el 19 de septiembre de 1.990 se firmó el decreto correspondiente. De esta manera, el Destructor Almirante Brown, la Corbeta Misilística Spiro fueron enviados junto a dos helicópteros al Golfo. Violando las disposiciones del artículo 67 (actual artículo 75 inciso 28) de la Constitución Nacional, no pidió la autorización del Congreso para la salida de nuestras fuerzas.

El presidente justificó su decisión en términos políticos en reiteradas oportunidades a partir de esa fecha Es muy clara la postura interesada, racional (en términos de cálculo frío de costos y posibles beneficios) del  entonces presidentes. Además de esto, realiza un habilísimo manejo discursivo retomando las ideas del Perón de 1.946, quien creía que en caso de estallar una Tercera Guerra Mundial, Argentina saldría beneficiada por tener la posibilidad de vender sus productos alimenticios a todo el mundo; justamente en el mismo momento que más se alejaba de los postulados tradicionales del justicialismo en materia de política exterior; como lo eran la Tercera Posición o el no – alineamiento. Claro que los beneficios por la participación en la Guerra del Golfo  pasaron más allá de la participación de nuestras tropas en un desfile conjunto con las tropas vencedoras. Esta verdadera sobreactuación de nuestra política exterior no ayudó a borrar la mala imagen argentina en la memoria histórica estadounidense. Prueba de ello son las palabras del embajador Todman comentadas algunos párrafos más arriba y el hecho que, años más tarde, Washington siguió comportándose hacia la región pensando en términos de balance de poderes.

 Porque si bien otorgó a la Argentina el rango de principal aliado extra OTAN; apoyó a Brasil en su candidatura a miembro permanente del Consejo de Seguridad (aspiración argentina) – siendo que Brasil no se alineó con Estados Unidos en la crisis del Golfo; y permitió la compra de aviones de combate sofisticados a Chile. Además, jamás dejó de presionar a nuestro país por cuestiones económicas, comerciales o de seguridad cuando algún lobby interno así lo exigía. El 11 de septiembre de 2.001, el mundo se estremeció ante los atentados que destruyeron el Centro Comercial del Mundo en Nueva York y parte del Pentágono en Washington. Por primera vez desde los sucesos de Pearl Harbor, el territorio de Estados Unidos sufría un ataque. Y por primera vez desde las guerras por la independencia contra Gran Bretaña, el territorio continental del país se veía claramente agredido. Lo nuevo de este episodio, es que las hostilidades no provenían de una nación antagonista, sino de un  enemigo sin rostro claramente definido.
Sin embargo, la administración de George W. Bush, en poco tiempo, realizó un retrato del responsable de los hechos: Osama Bin Laden, y su grupo terrorista Al Qaeda. Así nace la doctrina Bush: “O están con nosotros o con los terroristas”. De esta manera, de forma similar a la que se hiciera en los momentos iniciales de la Guerra Fría, se lanza una lucha global contra el enemigo. Sólo que esta vez el objetivo no era contenerlo, sino destruirlo. Como consecuencia de los ataques a Estados Unidos, se abre un debate acerca de la respuesta argentina ante el evento. En esta ocasión, a diferencia de lo sucedido en 1.990 ante la crisis del golfo, el número de actores que participan en el proceso decisorio se multiplica.

El Parlamento, los ministros, los diputados, el ex – presidente Menem, las fuerzas armadas, la opinión pública, son todos protagonistas, con sus intereses personales u organizacionales, de los tiras y aflojes de esta decisión. En otros términos, se trató de un proceso decisorio del tipo descrito por Allison como Modelo III, EN “La Esencia de la Decisión”: "En contraste con el Modelo I, el Modelo de la Política Gubernamental o Burocrática) no considera a un actor unitario, sino a varios actores como jugadores, jugadores que no solo atienden cuestiones estratégicas específicas, sino también diversos problemas internacionales; jugadores que actúan no con base a un conjunto consistente de objetivos estratégicos, sino de acuerdo a variadas concepciones relativas a fines nacionales, organizacionales y personales; jugadores que toman decisiones gubernamentales no a través de una elección única y racional, sino a través del tira y afloja característico de la política.
La intención del gobierno, es imitar la decisión menemista, aunque procurando salvar todas las apariencias legales nacionales e internacionales para diferenciarse del estilo autoritario de la administración anterior. En virtud de ello, la decisión de un eventual envío de tropas para una coalición punitiva fue consultada con el Parlamento, así como con los vecinos regionales. De allí la resurrección del TIAR. Pero el gobierno del presidente De la Rúa, plagado de contradicciones evidentes, se echó atrás en su objetivo inicial. Desistió de  mandar tropas al showdown1 estadounidense contra el Estado Asiático en el que presumiblemente se refugiaban los terroristas. Si bien no contó con el pedido formal de ayuda Estados Unidos, Menem tampoco lo había tenido, y sin embargo actuó. El motivo de la actitud es simple. Indecisiones del gobierno, peso de los actores participantes del proceso decisorio; pero por sobre todas las cosas, los estrechos márgenes de acción impuestos por el contexto externo. 

En el caso del año 2.001, la figura de la Alianza que primero se manifestó en contra del envío de tropas argentinas al showdown en Afganistán fue un hombre que a pesar de no estar desempeñando funciones legislativas en ese momento, era un político relevante en la estructura de la coalición.
Estoy haciendo referencia al Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, quien declaró que el país debía comprometerse con la paz; que debía contribuir a poner una cuota de racionalidad para evitar que los sucesos del 11 de septiembre se convirtieran en una espiral de violencia. Afirmó asimismo que el país debía sí comprometerse con cualquier medida preventiva de refuerzo a la seguridad, aunque decididamente no a cualquier definición de guerra, sea ésta convencional o no. Alfredo Bravo del ARI y Carlos Raimundi del FREPASO, se manifestaron contrarios al alineamiento a acrítico de la potencia global; y hasta cuestionaron al presidente De la Rúa por decir que se sintió agredido por los atentados sufridos por Estados Unidos. Elisa Carrió, líder del ARI, denunció que sería un acto irresponsable si el gobierno nacional decidiese sumarse a Estados Unidos en una expedición militar punitiva contra Afganistán. Horacio Pernasetti, jefe del bloque de diputados radicales fue más allá aún, situando el debate de la posible resultante política en los términos de una discusión más profunda que se dio a lo largo de todas las etapas de evolución de nuestra política exterior: neutralismo o participación.

Este diputado, contrariamente a las tendencias demostradas por  El Diccionario "Webster" de la lengua inglesa define la palabra showdown como: "The final settlement of a contested issue or the test of strength by which it is settled". En castellano se traduce como "La resolución final de un asunto disputado o la prueba de fuerzas mediante la cual se resuelve". (Webster's Third New International Dictionary of the English Language, Unabridged, Merriam - Webster inc. Publishers, Springfield, Massachusetts, U.S.A., 1.993, page 2106). El diccionario castellano - inglés; inglés - castellano "Simon and Schuster", define showdown como: "Confrontación decisiva, arreglo de cuentas, prueba definitiva de fuerzas". Escogí este término de la lengua inglesa porque me pareció Es mass concisa y apropiadamente define las características que tuvieron las acciones bélicas estadounidenses sobre Afganistán posteriores a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2.001. 

El Poder Ejecutivo conducido por un hombre de su partido, dijo que De la Rúa debería respetar la tradición del radicalismo en el ámbito de la política exterior y mantener a nuestro país neutral del conflicto que se preparaba. Darío Alessandro, jefe del bloque del FREPASO en diputados reclamó firmeza contra el terrorismo que mata gente inocente en el mundo, pero proclamó que la Argentina debe actuar dentro del derecho internacional y en el marco de las decisiones que tomen las Naciones Unidas y los países de la región; salvo que esto implique ir a la guerra. El ex Ministro del Interior Federico Storani, en una posición similar a la de 1.990, se manifestó contrario a un presunto despliegue de tropas nacionales en el exterior por considerar que no existía ninguna guerra.
Destacó, sin embargo, que el país debía colaborar con la lucha contra el terrorismo, pero desde los organismos internacionales.

Argumentó, asimismo que en 1.990, con el envío de tropas al Golfo la Argentina no había ganado nada. Que se había vulnerado la Constitución, al no haber consultado el gobierno al Congreso, en la participación de un bloqueo que de acuerdo al derecho internacional público es un acto de guerra. 

En general, se puede decir que en el año 2.001, la actitud de los legisladores radicales – con algunas excepciones -, fue similar a la de los justicialistas en 1.990, sólo que más prudente. Los legisladores del FREPASO fueron los que más enérgicamente se manifestaron en contra del envío de tropas argentinas a Afganistán, aún si las Naciones Unidas así lo solicitaren. Los peronistas, dominados por los sectores menemistas, volvieron a pronunciarse a favor de una intervención de las tropas nacionales apoyando a las estadounidenses. Justamente aunque fuera ya del ámbito parlamentario, desde su arresto domiciliario en Don Torcuato, Menem, expresó su posición.

El ex presidente argentino sugirió que nuestro país debería alinearse inmediatamente con Estados Unidos y mostrar una actitud mucho más firme. Inclusive llegó a recomendar a De la Rúa que no espere la autorización parlamentaria; así como él hizo lo propio en 1.990. Además, en una reunión que sostuvo Lincoln Bloomfield, subsecretario de Acción Política y Seguridad del Departamento de Estado, Miguel Ángel Toma, legislador justicialista curiosamente titular de la comisión de Defensa al igual que en 1.990, dijo que el país debería mantenerse coherente con la línea instalada en 1.991, y manifestó su incondicional apoyo a Washington y destacó que estaba de acuerdo con el  envío de tropas nacionales.
Adujo como defensa de su argumento, que una respuesta militar estadounidense sería un acto en defensa propia, no de agresión. José L. Fernández Valoni, diputado por Acción por la República, partido de Domingo Cavallo, también adhirió al envío de fuerzas. 

Luego del entusiasmo inicial del gobierno, los debates parlamentarios, la negativa receptividad de la opinión pública de los argumentos oficialistas, la ausencia de pedido concreto de asistencia de parte de Estados Unidos o de la ONU y la propia y crónica indecisión presidencial sobre todo, entre otros factores, fueron elementos que influyeron en la desconcertante resultante. El gobierno, algunos días antes del inicio de las operaciones bélicas estadounidenses y británicas sobre Afganistán, emite un documento en el que apoyaba decididamente las acciones que se llevan a cabo con el propósito de erradicar el flagelo mundial del terrorismo, pero que no estaba planteado el envío de tropas.

Al día siguiente, el vocero presidencial Juan Pablo Baylac declaró en un programa radial que el país había ingresado en un debate llamativo; ya que nadie había estado pidiendo tropas; por lo que la participación argentina no sería enviando contingentes armados. El Ministro de Relaciones Exteriores Rodríguez Giavarini, resumió en una sola frase la posición final de la política exterior argentina ante los acontecimientos, que es una síntesis de la clásica indecisión de la gestión delarruísta: “ni un paso atrás, ni un paso adelante”; lo que significaba que no se retacearía la colaboración con Washington, aunque no se pretendía aparecer ante la opinión pública como más belicista que Estados Unidos. A comienzos de octubre se conoció el pedido oficial de Estados Unidos: que Argentina enviara cascos azules a los Balcanes para reemplazar a sus pares estadounidenses que irían a prestar servicio en Afganistán. La primera década del siglo XXI, muestra un sistema en transición hacia un nuevo concepto de seguridad global, en el cual es la potencia hegemónica agredida aquella que determinará de qué manera habrán de colaborar los aliados. 

Y en este caso, Condoleezza Rice, principal asesora de seguridad nacional estadounidense, se encargó de aclarar la postura de su país respecto del apoyo argentino y regional: agradeció la iniciativa diplomática de resucitar el TIAR, pero exigió que Argentina, Brasil y Paraguay, se dediquen a custodiar mejor la zona de las tres fronteras... Nuestro gobierno se limitó entonces simplemente a ofrecer que tropas argentinas  reemplacen a los cascos azules estadounidenses en los Balcanes, a fin de que éstos puedan cumplir sus obligaciones en Afganistán. Los deseos y las motivaciones personales y organizacionales de los jugadores endógenos pesaron sin lugar a dudas en la resultante de este proceso de toma de decisiones.

Sin embargo, en este nuevo sistema que está naciendo, el contexto externo se impuso con todo su peso sobre nuestro país para demostrar que independientemente de las buenas intenciones, en el siglo que se inicia es la potencia hegemónica y no un Estado subordinado el que determinará el nivel de alineamiento aceptable.
Por todo lo expuesto, concluyo que la política exterior de la República Argentina de la última década, al menos en el aspecto de toma de decisiones, no ha presentado características de modernidad. En otras palabras, a pesar de la mayor apertura del proceso decisorio de la primera administración nacional del siglo XXI, respecto de la precedente; las decisiones tomadas en los casos de prueba seleccionados, constituyeron simplemente respuestas reactivas a estímulos de variables contextuales tanto internas como externas y no un producto de una iniciativa autónoma y cuidadosamente estudiada de los actores participantes del proceso.

ACA NO HUBO CASCOS AZULES FUIMOS A UNA GUERRA

21/3/17

Kuwait pagó 2,5 billones a sus aliados en la guerra del Golfo


VETERANOS DE AYER, HOY Y SIEMPRE

PARA EL GOBIERNO, DIPUTADOS Y SENADORES ACA SE PUEDEN SACAR LAS DUDAS, DE CUANTO RECIBIÓ LA ARGENTINA POR LAS NAVES DE GUERRA ORDENADAS A LA GUERRA DEL GOLFO PÉRSICO....DONDE EL SR. CAVALLO FUE EL RECEPTOR DE ESE MOMENTO NI QUE PENSAR QUE HIZO EL SR. EXPTE. MENEM. VARIAS MONEDAS DEBERÍAMOS TENER SIN ANDAR PIDIENDO LIMOSNA NI ESCRIBIENDO PARA MENDIGAR QUE NOS RECONOZCAN...SAQUEN LA CUENTA SI A ESPAÑA LE DIERON 100 MILLONES DE DÓLARES POR DOS BARCOS DE GUERRA QUEDA CLARO CUÁNTO LE DIERON A LA ARGENTINA EN FIN...QUIEN DESCUBRE EL MUERTO.GRATIS ES NO FUE !!!









PARA EL GOBIERNO, DIPUTADOS Y SENADORES ACA SE PUEDEN SACAR LAS DUDAS, DE CUANTO RECIBIÓ LA ARGENTINA POR LAS NAVES DE GUERRA ORDENADAS A LA GUERRA DEL GOLFO PÉRSICO....DONDE EL SR. CAVALLO FUE EL RECEPTOR DE ESE MOMENTO NI QUE PENSAR QUE HIZO EL SR. EXPTE. MENEM. VARIAS MONEDAS DEBERÍAMOS TENER SIN ANDAR PIDIENDO LIMOSNA NI ESCRIBIENDO PARA COMO MENDIGAR QUE NOS RECONOZCAN...SAQUEN LA CUENTA SI A ESPAÑA LE DIERON 100 MILLONES DE DOLARE POR DOS BARCOS DE GUERRA QUEDA CLARO CUANTO LE DIERON A LA ARGENTINA EN FIN...QUIEN DESCUBRE EL MUERTO.


Kuwait pagó 2,5 billones a sus aliados en la guerra del Golfo
Los ejércitos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia recibieron 1,7 billon

El gran misterio que siempre ha rodeado las finanzas de Kuwait comienza a desvanecerse. Documentos confidenciales del Emirato, aportados en el juicio que se celebra en Londres contra su ex gestor en España, Javier de la Rosa, arrojan nueva luz sobre los acontecimientos ocurridos en torno a la guerra que tuvo lugar en enero de 1991 en el golfo Pérsico y ayudan a calibrar el papel en las finanzas internacionales de este pequeño Estado principesco de la península Arábiga, poblado por menos de dos millones de personas y con una de las rentas per cápita más altas del planeta. Aunque el volumen de dinero generado por su riqueza petrolífera es impresionante, los datos apuntan a que el mito superó la realidad

El Emirato de Kuwait ha reconocido que los pagos oficiales realizados a los Gobiernos aliados como consecuencia de la guerra del golfo Pérsico de enero de 1991 contra Irak alcanzaron por lo menos los 25.280 millones de dólares (2,52 billones de pesetas al cambio de la época, que era de unas 100 pesetas por dólar).

El conflicto en el Golfo se inició el 2 de agosto de 1990 con la invasión del pequeño Emirato de Kuwait por Irak. Tras cinco meses de preparativos, la guerra comenzó el 17 de enero de 1991, y duró oficialmente 42 días, hasta el 28 de febrero, aunque las tropas iraquíes ya habían sido desbaratadas bastantes jornadas antes.

Los más de 2,5 billones de pesetas que las autoridades de Kuwait reconocen haber gastado se dividen en tres grandes bloques. El primero se refiere a las compensaciones por los gastos militares de los países que participaron en la Operación Tormenta del Desierto, nombre que recibió la ofensiva contra Irak.

En el Ejército aliado, encabezado por Estados Unidos (150.000 soldados), participaron también tropas del Reino Unido (9.000), Francia (13.000), Canadá (450), Marruecos (6.200), Egipto (20.000), Siria (4.000), Pakistán (5.000), Bangladesh (2.000). Otros, como España, Bélgica, Holanda, Alemania y Argentina, aportaron buques de guerra para imponer el bloqueo militar a Irak.

Los mayores receptores

El principal receptor de fondos de Kuwait, con 13.500 millones de dólares, fue Estados Unidos, en consonancia con su papel preponderante en el Ejército aliado. El Reino Unido, con el que las autoridades del emirato del Golfo mantienen una histórica relación dado su carácter de antigua potencia colonial en la zona y que siempre ha sido un destino privilegiado de sus inversiones en Occidente, recibió otros 1.400 millones de dólares.A continuación figura Turquía, que en diferentes plazos fue compensada con al menos otros 1.400 millones de dólares. Este país puso a disposición de los C-15, C-130 y Awacs norteamericanos la base aérea de Incirlik, desde la que se bombardearon posiciones militares en Irak. Otro de los grandes receptores fue Egipto, con 970 millones de dólares. Zaire fue compensado con 20 millones de dólares.

La segunda partida se invirtió en armas. Entre ellas, 40 aviones de combate F-18, valorados en unos 2.000 millones de dólares, cuyo contrato fue firmado antes de la invasión, aunque gran parte de los pagos, 500 millones de dólares, se realizó en esa época.

Más extraño es el reconocimiento de que se adquirieron carros de combate a Yugoslavia, país que por aquellas fechas comenzaba a desgarrarse. Otros contratos se refieren a la compra de artillería y munición a Francia, en este caso por 250 millones de dólares. Sobre otros 350 millones en contratos del mismo tipo los documentos no reflejan el nombre del país vendedor.

La tercera gran remesa, que en total suma 6.890 millones de dólares, se refiere a gastos extraordinarios y de emergencia, sin más detalle, aunque fuentes consultadas apuntan a que podrían incluir pagos, no reconocidos oficialmente, a países occidentales y a ejércitos del área, como el de Siria, y que en caso de hacerse públicos podrían implicar problemas políticos, tanto en los países receptores como en el emirato.

La información sobre los pagos de guerra figura en los documentos aportados por las autoridades de Kuwait a la Corte Comercial de Londres, que juzga la demanda presentada por la empresa española Torras, propiedad de la Kuwait Investment Office (KIO), agencia pública del Estado de Kuwait, contra sus ex gestores, encabezados por Javier de la Rosa.

En relación con los pagos a los aliados, la documentación no incluye referencias a España, que aportó buques de guerra y permitió el uso de bases en su territorio. De la Rosa afirmó en su momento que 100 millones de dólares pagados al empresario Manuel Prado y Colón de Carvajal tenían ese carácter. Esa versión también es la defendida ante la Corte de Londres por el ex presidente de KIO, el jeque Fahd al Muhammad al Sabaj.

Los documentos de Kuwait incorporan actas de reuniones de la cúpula de la Kuwait Investment Authority (KIA), organismo encargado de gestionar las inversiones de Kuwait en el mundo. Bajo su paraguas estaba el otro gran brazo inversor de Kuwait, KIO, a través del cual el emirato realizó sus ruinosas inversiones en España. A consecuencia de ello, KIO está desmantelado.

Desde 1976, KIA gestiona dos grandes partidas de fondos: la Reserva General del Estado de Kuwait y el Fondo para las Futuras Generaciones. Este último está destinado a asegurar el futuro de las nuevas generaciones de kuwaitíes independientemente del futuro del petróleo. La Reserva General fue creada por ley en 1960 y se financia con los superávit presupuestarios y de él forman parte todas las inversiones del Estado. Desde principios de los ochenta apenas ha crecido, pues el presupuesto de Kuwait es deficitario desde entonces.

Uno de los secretos mejor guardados era la dimensión de esa reserva. En plena guerra del Golfo, sus activos totales eran de 12,5 millones de dinares kuwaitíes, unos 41.200 millones de dólares (4,12 billones de pesetas de la época). De ellos, 11.550 millones de dólares estaban materializados en compañías públicas kuwaitíes, como la Kuwait Airways, la Kuwait Oil Company o el Credit and Savings Bank. Las inversiones, créditos y depósitos en bancos árabes y países en desarrollo sumaban otros 14.850 millones de dólares. El resto, otros 14.850 millones, estaba colocado en deuda pública norteamericana y otros activos en el mundo.

El Fondo para las Futuras Generaciones fue creado en 1976, al mismo tiempo que KIA, y se compone del 50% de los activos de la Reserva General más el 10% de los ingresos anuales del Estado de Kuwait. Es decir, que el gasto directo en pagos de guerra realizado durante 1990 y 1991 representó más de la mitad de la Reserva General del Estado de Kuwait y casi el 100% de su PIB anual

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de noviembre de 1998

20/3/17

“LA DESCONOCIDA EXPERIENCIA ARGENTINA EN EL GOLFO PERSICO”



VETERANOS DE AYER
"El Estado Nacional todavía no nos reconoce#



Helicoptero “Sikorsky”


Aluette III Armada Argentina




Minas chinas “EM-52” y “LUGM-145”


Una mirada en tercera persona por uno de los protagonistas de la primera línea.

Cuando se ha hablado de la participación de la Argentina en el Golfo Pérsico, solo se conoce la parte más grandilocuente o si se quiere, la versión de los altos jefes y de los responsables políticos de entonces.

Pero en lo que hizo específicamente en la labor diaria de sus tripulantes, ni siquiera sus propios Comandantes en Jefe, sus camaradas de otras unidades o los nuevos reclutas que vinieron generacionalmente a posterior, se enteraron de las vicisitudes que rodearon a toda la “Operación Alfil 1”, elogiada tanto por altos mandos oficiales como de suboficiales de otras armadas.

En este sentido, no hemos sabido de casos de equipos como el del “Alfil 1” hubieran recibido el reconocimiento institucional acorde a la altura de la misión que desarrollaron. Por alguna extraña situación, hoy por hoy se han venido levantando los velos de la historia, quizá por un hastío de muchos sectores de veteranos en EEUU, que abandonados por su gobierno, se han plegado activamente luchar por evitar que sus conciudadanos se vean nuevamente involucrados en guerras tan terribles como injustificadas.

El caso del helicopterista naval Chuck P. Bennet, quien era un veterano piloto sirviendo en a bordo del USS “Saratoga” y con pase al portaaviones USS ”Midway” , refiere a una de esas crónicas siempre hay que escucharlas de afuera para saber que han ocurrido. Según él y sus compañeros del escuadrón “Alfa” de rescate y reconocimiento, creían que no tenían competencia y mucho menos muy buenos antecedentes sobre algunos de los good guys que participarían en las operaciones.

Para su sorpresa y la de sus compañeros, en el grupo de tareas estaban los “argentinos”, de los cuales recuerda entre sonrisas “no nos inspiraban mucha confianza”, según continuó comentando, “sabíamos que tenían una larga historia de anormalidades en su país y que ahora estaban con un tipo –Menem- que hacía todo lo posible por parecerse al nuestro”, recordando también la mala fama que aquellos se habían ganado en la comunidad internacional cuando tras conocer que trabajarían en conjunto, algunos mal pensados cuando se hallaban reunidos en la sala de mapas, susurraron burlonamente “Argentine, We do not have cassette players”, lo que no agrado a nuestros oficiales que nos advirtieron de no salirnos del cuadro y ser profesionales. 


Chuck voló en operaciones de vigilancia y rescate durante toda la operación “Escudo del Desierto” y tras el comienzo de las hostilidades participó en el frente de la primera línea con vuelos sobre las costas de Kuwait y la Península de Fao donde se salvo de caer fatalmente al mar tras ser alcanzado por una andanada de fuego antiaéreo. Recuerda que pudo salvarse por haber aprendido a valorar en su justa medida a quienes –como a sus enemigos- los había subestimado, mediante prejuicios basados en supuestos y charlatanerías que no tenían nada de reales.

Continua su crónica, diciendo “Fue cuando a mediados del mes de diciembre de 1990 estábamos operando con los buques argentinos recibimos la orden de trasladar a un observador del “Midway” y a su vez, recoger a un oficial del buque que lideraba su maniobras (Foto: Cubierta del Alte Brown). Para mi volar un C-47 “Chinook” era como estacionar un automóvil, aunque es un aparato bastante complicado de maniobrar, incluso en un portaaviones. Cuando surgió un problema hidráulico en mi aparato, se me asigno un “Sikorsky” hasta que lo repararan”. Según comentaba cuando le preguntaron sobre como evaluaba a los diferentes efectivos que sirvieron en aquel teatro, dijo “he conocido camaradas de todos los países y cada uno de ellos tiene talentos que pueden despertar admiración o hasta incluso, un poco de envidia. En el caso de los argentinos debo decir que la capacidad de reutilizar e improvisar sobre la marcha es envidiable”.

Sigue relatando Chuck como llego a conocer a los argentinos en las operaciones que compartieron con la escolta a un convoy de naves que debía llegar a salvo a la base naval en Bahrein. De este modo recuerda “Estábamos bajo una presión muy grande. Todos aparentábamos estar controlados pero lo cierto era que con cada día que pasaba, los efectos de los nervios comenzaban a hacer estragos y cada vez más estaban siendo más evidentes. En esos momentos estaba volando el “SH-60B Sikorsky” con el cual realice vigilancias, vuelos de rescate e interdicción, podíamos ver a estos tipos como con muy pocos implementos y gran ingenio ponían a volar verdaderos esos “carcachos” –en referencia a los Aluette III- que parecían una pecera con una pipeta de rotor”, comentó con asombro. “Por aquel entonces –siguió comentando- nos habían reportado que debíamos prestar atención a posibles siembras de minas chinas “EM-52” y “LUGM-145” con carga adicional de gas de Cloro (CL2), que además de reposar en el fondo y con una espoleta de retardo, emergía para impactar sobre un buque que pasase por encima o incluso, que operaran hombres rana para colocar minas tipo “MILA” adhesivas a los cascos de los buques”.

Según algunos informes de la inteligencia de la marina estadounidense, se habían planteado como uno de las amenazas más difíciles de erradicar serían las minas que subsistían desde la guerra con Irán, las que plantaban los iraquíes y las incursiones tácticas de hombres rana.

Para Chuck el volar en aquellos aparatos era “un boleto para el infierno”. Para éste veterano de los viejos “Huey”, acostumbrado a que su aparato pudiera absorber los disparos que lanzan los chicos malos bad guys y lograr llegar a casa, no podía concebir que éstos muchachos tuvieran los cojones para exponerse sin ninguna protección a la vista y que, ante la envergadura de lo que podía desatarse de un momento a otro, con una simple ráfaga de fusil automático lo atravesaría por cualquier flanco”, remarcaba en su comentario.

Para este veterano piloto, ver como con lo justo y con tan precarios aparatos los “argie” llevaban adelante sus operaciones de vuelo “durante horas” para tratar de que no se colaran posibles comandos enemigos para plantar minas o sabotear las instalaciones portuarias, era algo tan encomiable como peligroso. Según Chuck, su helicóptero y los demás embarcados estaban previstos para un sellado de emergencia en caso de verse involucrados en una nube química producto de un ataque. En algún momento dijo “dudó mucho que esos aparatos tuvieran una protección similar, eso revelaba ignorancia o mucho coraje, aunque creo que nadie les ha dicho toda la verdad”. Esta miscelánea fue hallada en una libreta de vuelo que “Chuck” dejó abandonada en una taquilla y rescatada tras su fallecimiento en 1998.

Más allá de estas inéditas anécdotas y que seguramente no son las únicas, los informes oficiales presentados tras la culminación de las hostilidades por los evaluadores del Departamento de la Marina de los Estados Unidos y del Pentágono, mostraron una muy buen impresión en las labores que ambas dotaciones habían desarrollado tanto en la etapa de custodia para la defensa de Arabia Saudita denominada “Escudo del Desierto” como en las “invalorables tareas de interdicción y aseguramiento de la línea de abastecimiento durante toda la etapa de las operaciones de “Tormenta del Desierto”, que fueron atendidas no solo por los estadounidenses sino también por la “Real Marina británica”.

18/3/17

Cuando el poder político no escucha


Veteranos de ayer



Corbeta ARA SPIRO

Siempre persigo en silencio, y quiero de una vez por todas, que paso aca?, con nuestros reclamos, por que la Armada no dio su percepción objetiva de los hechos que se iban a producir y no tener un plan de claridad para esta colaboracion pedida por Kuwait. Yo aca abajo les pongo la carta que le escribí al Ministro de Defensa..en septiembre 2016 sin contestación. De los veinte Diputados que los llame y me dieron su mail, cuatro solamente me contestaron y quedaron de comunicarme que paso en 26 años.


Una Diputada me contesta que no tenemos "Estatus de: Combatientes"...o sorpresa le digo alguien asesoró mal, pero me faltan tres que me contesten ya tienen esto que estoy compartiendo para todos, no es un pensamiento particular si no colectivo y se los quería comunicar ya que veo que varios leen y que sepan. Como ya les dije en alguna oportunidad 10 horas de culos mirando a quien comprometerlo, me refiero a los Legisladores. Mi empuje y me tengo fe que alguien me tirara algo positivo esperare. Ha esta carta no me la contestaron....


Acá abajo tienen Hoja 1,2,3,4. Talón de Recibido



Hoja 1

Hoja 2


 Hoja 3

Hoja 4




Talón de Recibido

10/3/17

“CUESTIONES SEMÁNTICAS”

VETERANOS DE AYER


Según un análisis desde el punto de vista jurídico sobre la participación argentina en la guerra del Golfo no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de su misión

Por Charles H. Slim




USS Wisconsin 1991

En realidad nadie puede decir lo que allí sucedió sino solo quienes fueron protagonistas directos de la guerra. Esto ante las continuas manipulaciones e inexactas informaciones que dan cuenta de las acciones que llevaron a cabo las dos naves de la fuerza de tareas T.88.0 compuesta por el destructor “ARA Alte Brown” y la corbeta “ARA Spiro”, actores principales y testigos directos de lo que fue aquella guerra a miles de kilómetros de su patria que muchos continúan erróneamente denominando “operaciones de paz”.


Contextualicemos la intervención de esta “fuerza de combate”. Primeramente veremos que lo que desató la crisis en el golfo fue la invasión de Iraq sobre el vecino Kuwait, cuestión que no nos avocaremos a analizar como lo hemos hecho anteriormente. En ese mismo instante el mundo estaba cambiando. El equilibrio geoestratégico de la bipolaridad existente entre EEUU y la Europa de oeste y la URSS se había roto con la disgregación de éste último.


El gobierno argentino al tener conocimiento de dicho evento, no tardo en expresar su apoyo irrestricto a Washington y recién después adherir a los supuestos mandatos de Naciones Unidas. En ese sentido el gobierno de Carlos Saúl Menem vio la oportunidad de colgarse de uno de los episodios con trascendencia internacional que catapultaría a su gobierno a los altos niveles de la política internacional y que a su vez, lo pondría a la vista de la Casa Blanca.


De este modo podemos ver como los acontecimientos se desarrollaban por dos carriles políticos diferentes. Uno iba por la preocupación de la ONU expresada con la resolución 660 del 2 de agosto de 1990, mediante la cual condena a Iraq por la invasión y ocupación de Kuwait y unos días después, el 6 de agosto la resolución 661 que estableció un embargo económico sobre la república árabe de Iraq siendo para la Casa Rosada, motivos suficientes para argumentar su intervención. El otro carril iba por la vía de los preparativos netamente militares y los cuales estaban liderados por los EEUU, preparativos que no estuvieron exentos de ciertas curiosidades que los historiadores militares –especialmente norteamericanos- tratan de obviar.




Alouette III embarcado en el Golfo, 1991 en buque EE.UU



Desde el punto de vista jurídico, las resoluciones de Naciones Unidas no son vinculantes por lo cual, no tenían fuerza para “obligar” a la Argentina a intervenir. Por otra parte y como veremos, nunca hubo un mandato para el establecimiento de paz.


Sin meternos en asuntos políticos y centrándonos en la mera cuestión operativa de las unidades argentinas, vamos a esclarecer algunos puntos oscuros que han sido aprovechados para confundir a los legos en la materia y en especial con lo que tiene que ver con el derecho internacional.


Mucho antes de que Naciones Unidas tratara en profundidad lo que había desatado la crisis en el Golfo Pérsico, Washington ya había desplegado una fuerza militar a Arabia Saudita y gestionaba tratativas con Ankara para utilizar su país para desplegar tropas norteamericanas en la frontera norte de Iraq. La familia real saudita llamó a Washington urgente notificando lo que pasaba y como respuesta el mismo presidente estadounidense George H. Bush y su general del estado mayor Collin Powell fueron transportados inmediatamente a Arabia Saudita en las horas posteriores al 2 de agosto.


En ese mismo momento, en Washington (el 2 de agosto de 1990) se hallaba una comitiva del Ministerio de defensa encabezada por Humberto Antonio Romero quienes por estos motivos, no pudieron ser recibidos por el mismo presidente Bush debiendo contentarse con el recibimiento del vice Dan Quayle quien estaba a cargo del Consejo Nacional de Seguridad. Igualmente el momento fue oportuno para que –consultas telefónicas mediante- se le expresara a Washington que “la Argentina colaboraría con lo indispensable en esta crisis”, recibiendo el agradecimiento de Quayle y que luego serían reforzadas con misivas personales del mismo Menem dirigidas a su par George H. Bush.


A partir de ese momento y sin que Naciones Unidas ni el Consejo de Seguridad se expidieran sobre algún “mandato” de cómo se procedería en este caso, el gobierno argentino se puso a la par de los procedimientos que Washington estaba impulsando por su propio carril sin interesarle si aquellos órganos internacionales se expedirían por legalizar una intervención bajo la bandera de Naciones Unidas. Recordemos que George H. Bush utilizó el incidente para justificar una escalada alegando que “Iraq había agredido a un país vecino”, “que había violentado la ley internacional” y una serie de argumentos que le sirvieron para ordenar la creación de una Coalición militar sin el aval de Naciones Unidas.



Consecuencias de la guerra



Importante también tener en cuenta, que los comandantes a cargo de la “Coalición” y del Comando de operaciones que se monto en la capital saudita y en Darham estuvo compuesto por oficiales de alta graduación dirigidos por una plana de generales y almirantes norteamericanos quienes a su vez estaban liderados por el general del ejército de los EEUU Norman Schwarzkcopf; comando al que se subordinaría luego el grupo de tareas “ALFIL I”.


Al mismo tiempo y calcando la posición norteamericana, el 16 de septiembre Menem alega que “Argentina enviará tropas al golfo sin ningún tipo de consulta” y agregó que sus decisión estaba justificada “si el objetivo perseguido es consolidar la paz”. El 18 de septiembre tras haber comprometido su colaboración a Washington, alego públicamente que se enviaría una fuerza “para restablecer la paz y evitar una tragedia de imprevisibles consecuencias en la zona del conflicto”. Un día después el mismo Menem reconoce que el gobierno kuwaití le requirió unilateralmente –y obviamente por consejo de Washington- colaboración, asimilando el pedido como si “la misma ONU lo hubiera hecho”. Pero una de las cerezas que decoran este pastel, es que el 24 de septiembre se reunieron en Buenos Aires, el Subjefe del estado Mayor Conjunto de los EEUU el Almirante Jeremiah y el embajador norteamericano en Buenos Aires Terence Todman con el ministro de defensa Humberto Romero y con el Jefe del Estado Mayor de la Armada el Vice Almirante Emilio Osses en donde se ultimaron los detalles técnicos y se concluyó con la participación argentina en la “Coalición”.


Un día después, el 25 de septiembre y tras agotar todos los repuestos de los pañoles de Puerto Belgrano, zarpan con sus bodegas de armas y municiones completas las dos naves argentinas rumbo al Golfo Pérsico.


No olvidemos que a esa fecha en Naciones Unidas no se había expedido sobre la “autorización para el uso de la fuerza y ultimátum” para que Iraq se retirara de Kuwait (Res. 670/678) y menos aún, esbozó el proyecto de un “mandato” para sí, evitar la guerra y hacer prevalecer la paz.


Precisamente sobre el tema de un “mandato”, sin más rodeos hay que dejar en claro que Naciones Unidas jamás otorgó entre agosto de 1990 y marzo de 1991 mandato alguno para involucrarse como organismo en la conformación de una “fuerza de paz”, dando un paso al costado y dejando a que fuera EEUU y sus aliados quienes conformaran una fuerza en forma de Coalición que tuvo su Comando de operaciones en Riad, Arabia Saudita.


El último argumento esgrimido por el presidente argentino fue expuesto el 19 de septiembre cuando afirmo que “Argentina no puede darse el lujo, en este momento que estamos emergiendo de una crisis, de quedar aislados del resto del mundo”, culminando con la aseveración de que “no son tropas intervencionistas sino para consolidar la paz, para evitar consecuencias de un enfrentamiento”, había señalado con énfasis, quedando en claro que esto último nunca se cumplió y que ante el inevitable involucramiento en las hostilidades, el Congreso sanciono a las apuradas en enero de 1991 la ley 23904 autorizando a la fuerza T.88 a responder el fuego.



La ruta de la muerte. 
Miles de iraquíes asesinados en su retirada



Antes de seguir hay que dejar en claro que Argentina al apoyarse en la Res. 661 que impuso un embargo a Iraq, puso en marcha la primera medida políticamente hostil contra otra nación soberana que luego ampliara con su participación activa en su aplicación mediante el bloqueo marítimo (Acto hostil).


Como vemos al no haber habido un “mandato” no hubo representación ni menos aún involucramiento operativo de Naciones Unidas en esta Coalición armada. Lo que si existió fue una “autorización” (Cf. Art. 42 Carta de N.U.) del Consejo de seguridad para el uso de la fuerza, que fue el desencadenante de la guerra –y no de operaciones de paz- que se abrió a las 00hs del 16 de enero de 1991 y que recién culminó con terribles consecuencias para la población civil el 27 de febrero del mismo año.


Las naves argentinas no se interpusieron en el medio de los contendientes (Como hubiera supuesto un mandato de mantenimiento de paz) ni menos aún enarbolaron la bandera de Naciones Unidas; por el contrario fueron parte del bando aliado contra Iraq.


En conclusión, con estos antecedentes que están muy bien documentados y conjugados con la normativa del derecho internacional aplicable a la participación naval argentina, en especial a la referente al “Derecho de la guerra Marítima” que se elaboro a partir de las Conferencias de la Haya y de las previsiones de la “CONVEMAR 1982”, las dotaciones argentinas participaron en acciones bélicas y no en operaciones de mantenimiento de la paz.

8/3/17

Turn on the radio. Arte, cultura e información. 30 años de Cadena SER Vitoria



MAS CLARO NO HAY QUE ECHARLE AGUA 

Turn on the radio. Arte, cultura e información. 30 años de Cadena SER Vitoria


1990 -1991 I Guerra del Golfo

La guerra del Golfo Pérsico (2 de agosto de 1990 - 28 de febrero de 1991), o simplemente guerra del Golfo, fue una invasión librada por una fuerza de coalición autorizada por Naciones Unidas, compuesta por 34 países y liderada por Estados Unidos, contra la República de Irak en respuesta a la invasión y anexión iraquí del Estado de Kuwait.


El inicio de la guerra comenzó con la invasión iraquí a Kuwait, el 2 de agosto de 1990. Una vez consolidada la victoria, comenzaron a llegar a Kuwait City, los temidos "Mukhabarat", la policía secreta iraquí. Irak detuvo a miles de turistas occidentales como rehenes para después intentar usarlos como escudo para las negociaciones. Después de que un breve gobierno liderado por Saddam Hussein fuese instalado, Iraq anexó Kuwait. Hussein instaló entonces un nuevo gobernador provincial, describiendo lo acaecido como la "liberación" del pueblo de las manos del Emir; esto fue usado principalmente como propaganda de guerra. Aún así, la victoria no fue completa para Saddam. Por todos lados surgieron grupos de resistencia armada liderados por oficiales del ejército kuwaití, que se quedaron a luchar y entrenar civiles con armas del ejército y de la policía. Irak fue inmediatamente sancionado económicamente por las Naciones Unidas. 


La resolución Nº 678 del 29 de noviembre que autorizaba el empleo de la fuerza exigía a Irak que saliera de Kuwait antes del 15 de enero de 1991, en caso de cumplirse el plazo y no existir respuesta favorable, todos los países participantes podrían poner en práctica la resolución Nº 660 y atacar a Irak.


El 16 de enero de 1991 una coalición internacional de 34 países liderada por Estados Unidos y bajo mandato de la ONU, inició una campaña militar con el fin de obligar al ejército invasor a replegarse de Kuwait, atendiendo a la resolución Nº 660 de la ONU. Los países integrantes de la coalición eran: Argentina , Arabia Saudita, Australia, Bangladesh, Bélgica, Canadá, Checoslovaquia, Corea del Sur, Dinamarca, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Kuwait, Marruecos, Países Bajos, Níger, Nueva Zelanda, Noruega, Omán, Pakistán, Polonia, Portugal, Catar, Reino Unido, Senegal y Siria. 

Operación Tormenta del Desierto fue el nombre que se dio a la ofensiva aliada. La campaña se inició el 17 de enero dando como resultado la victoria de las fuerzas de la coalición. Las tropas iraquíes abandonaron Kuwait dejando un saldo muy alto de víctimas humanas y prendiendo los pozos de petróleo de Kuwait. Las principales batallas fueron combates aéreos y terrestres dentro de Irak, Kuwait, y en la frontera entre Kuwait y Arabia Saudita.






Podcast de SERVitoria


Irak ataca por primera vez a Israel. Recoge parte de la primera crónica de Eric Fratini, desde Jerusalem, diálogo con Manuel Campo Vidal, que le insta a ponerse la máscara.

6/3/17

Informe del Congreso de EEUU

Y nosotros como quedamos ??? también estamos en la misma

Baterías y misiles con gas usado por Irak


El síndrome de la Guerra del Golfo sigue siendo real 26 años después. El uso de armas químicas sigue afectando a 175.000 veteranos

No se publican cifras de mortalidad en estos soldados desde el año 2000

Se advierte por primera vez un aumento de tumores cerebrales

Los problemas psicológicos tras este conflicto son inferiores a otras guerras

Entre 1990 y 1991, 700.000 militares estadounidenses fueron desplazados a Irak para combatir contra Sadam Husein tras la ocupación de Kuwait. En la operación 'Tormenta del Desierto' se lanzaron miles de ataques con armas químicas que no sólo tuvieron graves consecuencias en la población iraquí, sino que incluso mermaron la salud de los propios soldados estadounidenses. Veintiséis años después del conflicto, muchos de ellos sufren aún las secuelas del llamado 'síndrome de la Guerra del Golfo', y el Congreso de EEUU denuncia la falta de información y seguimiento sobre muchas de las secuelas.

El comité de investigación creado por el Congreso sobre veteranos de la Guerra del Golfo (RACGWVI, según sus siglas en inglés), elabora periódicamente informes científicos sobre la salud y las secuelas de los soldados americanos que estuvieron en contacto con el gas sarín y otros gases tóxicos durante el conflicto. Y por primera vez desde 2008, acaba de actualizar sus conclusiones sobre los más de 175.000 veteranos afectados por este síndrome.

Dolor de cabeza, problemas de memoria, fatiga, dificultades respiratorias, enfermedades de la piel, molestias estomacales... El informe comienza recordando que el síndrome de la Guerra del Golfo está reconocido como una enfermedad -después de muchos años de intentos por negarlo-, aunque las manifestaciones de este mal pueden variar de unos militares a otros.

Aunque hasta ahora ya se había relacionado el contacto de los soldados con productos como el bromuro de piridostigmina con problemas neurológicos y cognitivos, los autores de este nuevo informe amplían por primera vez al cáncer cerebral el abanico de secuelas de los veteranos de guerra.

Roberta White, de la Universidad de Boston y directora científica del informe, recuerda a lo largo de más de 123 páginas que este síndrome no tiene nada que ver con el estrés y la ansiedad psicológica derivada del conflicto, como inicialmente se tendió a pensar, negando la existencia del propio síndrome. De hecho, los casos de estrés postraumático y otras secuelas psicológicas entre los soldados que participaron en la Guerra del Golfo es inferior al que se ha observado en otros conflictos bélicos (en torno al 10%), mientras que los problemas físicos causados por las armas químicas se elevan a más del 25% de los veteranos (más de 175.000 estadounidenses, a los que otras fuentes suman unos 8.000 británicos).

El documento da por sentada la relación de causalidad entre productos como el ciclosarín (metilfosfonofluoridato de ciclohexilo), los incendios de los pozos de petróleo o los proyectiles de uranio empobrecido con los cambios físicos apreciados mediante resonancia magnética en el cerebro de los veteranos, que también sufren con más frecuencia que el resto de la población cáncer cerebral y de pulmón.

3/3/17

El 27 de febrero de 1991 se puso fin a la invasión de Iraq liderizada por Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Maniobra de Combustible ARA. BROWN y ARA SPIRO en el Golfo Pérsico
Aviones listo a despegar de los EAU




A finales de febrero de 1991 se puso fin a la primera Guerra del Golfo Pérsico, la operación militar Tormenta del Desierto iniciado en enero del mismo año y encabezada por Estados Unidos junto a más de 30 países, llevo a la destrucción de gran parte de la industria petrolera del país.

¿Qué generó la Guerra del Golfo Pérsico?

Conocida así en el Occidente, pero identificada por los iraquíes como la “Madre de todas las Batallas”, es en realidad una invasión que vivió esa nación a principios de los 90.

Iraq, que venía de participar en un conflicto bélico con Irán tuvo que enfrentar dos años después, una nueva contienda militar a raíz de diferencias económicas y políticas que sostenía con su vecino, Kuwait.


Kuwait junto a Emiratos Árabes Unidos, financiaron a Iraq para enfrentar a la nación iraní, para evitar entre otras cosas la expansión de esta y la del movimiento chií, el cual se ha caracterizado a lo largo de los años por oponerse a las monarquías.

Entre ambos países obligaron a Iraq a pagar una deuda que superaba los 70.000 millones de dólares para entonces, por lo que el Gobierno de Saddam Hussein, pedía que se eximiera la misma.

Adicionalmente, Iraq acusó a Kuwait de extraer ilegalmente petróleo de su territorio, en la región de Ar Rumailah desde 1980, por lo que exigía una indemnización de 2.400 millones de dólares, según un documento enviado a la Liga Árabe.

En dicho documento, también quedó plasmada la denuncia iraquí sobre la violación por parte de Kuwait y Emiratos Árabes de no cumplir con las cuotas de producción de crudo además, de venderlo a 14 dólares el barril, por debajo de la cuota acordada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que para ese momento era de 18 dólares el barril.

Hussein acusó a Kuwait de construir bases militares dentro de su territorio sin su permiso.

Confusión en las negociaciones

Iraq dejó claro en varias ocasiones que quería una salida pacífica al conflicto con Kuwait, promesa que realizó el mismo Saddam Hussein a su par egipcio, Hosni Mubarak, con éste participaba el rey saudí, Fahd Ibem Abdel-Azis.

A mediados de 1990, Hussein solicita una reunión con a embajadora estadounidense, April Glaspie, para tratar la solución del conflicto con Kuwait.

Según documentos filtrados por Wikileaks, Glaspie redactó un informe sobre su encuentro con el líder iraquí, quien le pidió expresamente enviarle un mensaje al presidente de su país, George Bush (padre) “de estar cansado de la guerra” y sus deseos de acabar el conflicto de forma pacífica con Kuwait.

La versión de medios occidentales destacan que la frase “no tomamos partido ante estos asuntos árabes", expresada por Glaspie, fue la luz verde a Hussein de invadir territorio kuwaití. Sin embargo, en lo documentos de Wikileaks, Glaspie habla de que EE.UU. consideraba difícil una solución pacífica entre ambos países, además, consideró a título personal que el deseo de Iraq en que se respetaran los precios de petróleo establecidos en la OPEP también era una tarea compleja.

El 24 de julio de 1990, sucede la reunión de la OPEP, en la que se acuerda, entre 13 países miembros, el nuevo precio del barril de petróleo era de 21 dólares, días después de una reunión en Yeda, ciudad saudí, para tratar la crisis diplomática entre Iraq y Kuwait aunque se realizó a puerta cerrada. Medios destacan que el primer país se retiró de la misma.

ONU avala la Tormenta del Desierto

El 2 de agosto de 1990, Iraq decidió enviar sus tropas hacia sus fronteras con Kuwait lo que fue considerado por la mayoría de las Naciones Unidas como la invasión a Kuwait.

El Consejo de Seguridad de la ONU convocó a una reunión de emergencia el día 6 de agosto de ese año, en la que se instó a Iraq a retirar sus fuerzas de las fronteras, pero la respuesta de este fue proclamar la adhesión de Kuwait a su territorio, lo que en el seno del organismo fue considerado “nulo e inválido”.

Un poco más de un mes después, los presidentes de Estados Unidos y la Unión Soviética, George Bush y Mijail Gorbachov, se reunieron en Finlandia, para tratar las posibles soluciones al conflicto entre Iraq y Kuwait, aunque sin participación de ninguno de los dos países.


El 25 de septiembre de ese año, el Consejo de Seguridad de la ONU avaló con votación casi unánime, puesto que Cuba votó en contra, se procediera a aplicar el embargo aéreo contra Iraq, aunado al comercial impuesto contra ese país por parte de Kuwait.

Continuaron las reuniones entre diferentes líderes sin dar fruto. Solo tres días después, la ONU acusa a Iraq de cometer crímenes de guerra y es el 29 de noviembre de 1990, cuando el organismo internacional, a través de su Consejo de Seguridad, pone el 15 de enero de 1991 como plazo para que sus países integrantes y adicionalmente otros puedan aplicar la fuerza militar contra Iraq.

Inicio de la Tormenta del Desierto

No se había vencido el plazo de la ONU, cuando Estados Unidos y Reino Unido ya armaban su agenda bélica contra la nación iraquí.

El 16 de julio, finalmente, se anuncia el arranque de la invasión contra Iraq, con el envío de aviones militares a Arabia Saudita, que buscaba atacar a ese país.

Arabia Saudita, Australia, Argentina,Canadá,Corea del Sur, Dinamarca, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Kuwait, Pakistán, Polonia, Portugal, Catar y Reino Unido son algunos de los países que participaron en la invasión, dentro de la coalición que encabezaba Estados Unidos.


Al menos 959.000 hombres de distintas nacionalidades, entre ellos 41 mil soldados estadounidenses, formaron parte del plan belicista contra Iraq.

Una flota de 2.000 vehículos de combate, mil 800 aviones, 100 barcos de guerra y seis portaaviones fue lo que contabilizó oficialmente la coalición contra Iraq.
El dato: Las fuerzas iraquíes estaban conformadas por 545.000 soldados, 4.500 vehículos blindados y 700 aviones militares.

Con el lanzamiento de 100 misiles crucero Tomahawk, disparados desde barcos estacionados en aguas del Mar Rojo y el Golfo Pérsico, dirigidos a las principales instituciones iraquíes como el Ministerio de Defensa, el Palacio Presidencial y la Dirección de Inteligencia Militar, se da inicio a la Tormenta del Desierto, el 17 de enero de 1991.

En tan solo la primera semana, la coalición contra Iraq logró destruir 350 aviones militares de su flota, es decir, el 50 por ciento de la misma, mientras que Iraq solo derribó 60 de sus invasores.

A finales de enero, la coalición acusa a Saddam Hussein de poseer “armas de destrucción masiva”, adicionalmente, el 3 de febrero el líder iraquí ordena el lanzamiento de dos misiles Scub-B contra Israel, específicamente, en Tel Aviv y Haifa.

La situación fue aprovechada para que Estados Unidos elevará sus hostilidades contra la nación iraquí.

Fue el 28 de febrero cuando la coalición sacó a las fuerzas iraquíes presentes en la frontera con Kuwait, que estuvo acompañada de la rendición de Iraq el 3 de marzo de 1991, en la ciudad de Safwan, sin embargo, la Operación Tormenta del Desierto continúo.

Iraq, que aceptaba la resolución de la ONU, vivió “oficialmente” más de un mes de la operación.