¿Cómo interpretar el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin sobre el éxito de las pruebas del misil pesado Sarmat?
En la geopolítica hay varias formas de enviar un mensaje a los rivales. Algunas son discretas y mesuradas casi siempre por vía diplomática, otras por discursos encendidos pero vacíos de sustancia como sucede en Argentina y otros si bien conllevan también un discurso van acompañado de material sustancial que hace al mensaje alto y claro. En esta última clasificación entraría el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin del 12 de mayo pasado sobre las exitosas pruebas del misil pesado intercontinental RS-28 SARMAT que próximamente entrara en servicio en la unidad Uzhur.
Nada ocurre por casualidad y mucho menos en geopolítica. El anuncio de Putin que vino acompañado de imágenes del lanzamiento del portentoso misil de 35 metros de largo y con capacidad de transportar catorce ojivas nucleares sobre un blanco a más de 35.000 kilómetros de distancia (con un margen de error de 150 metros) y de imposible interceptación parece un mensaje sutil pero intenso para Trump que llegaba a Pekín para entrevistarse con Xi Jinping.
No es azaroso el momento en el cual se producen estas pruebas y mucho menos el anuncio del presidente ruso. Ese mismo 12 de mayo mientras Trump arribaba a Pekín, Vladimir Putin anunciaba el éxito de las pruebas. Tanto Trump como Xi tienen mucho que atender a esto, obviamente con un sentido diferente para cada uno de ellos.
Para Donald Trump y el Establishment en Washington dc esto representa una advertencia muy clara y gráfica que se traduciría en: Un intento por crear una amenaza similar como la que vemos contra Irán, la respuesta será devastadora. Los motivos que tiene Moscú para hacerlo están ampliamente fundados no solo por el papel que han jugado en el desencadenamiento de la actual guerra en Ucrania (que incluye las acciones terroristas en territorio ruso) sino también por las continuas baterías de sanciones económicas contra empresas, bancos y personas físicas de origen ruso y los actos de piratería que vienen cometiendo los buques de la armada estadunidense contra la flota rusa en la sombra.
Obviamente y por descontado que este mensaje es también dirigido a los personeros de la OTAN en Bruselas (en particular a Kaja Kallas y Mark Rutte) y muy especialmente a miembros como son Gran Bretaña y Francia muy implicados en prestar apoyo a los neonazis ucranianos quienes al mismo tiempo están cooperando con las filiales de “Al Qaeda” en Mali, África. Con respecto a estos últimos actores europeos la advertencia supone agregarles un potente lastre a sus ya complicadas realidades internas, signadas por graves problemas domésticos tanto para Keir Starmer como para el galo Emanuel Macron.
El anuncio de las pruebas con este misil implica una advertencia muy seria y que EEUU no puede ignorar más allá de las bravuconadas de su encargado de la defensa Pete Hegseth y del propio Trump. Como bien se advierte las circunstancias en las que se halla el país y en las cuales fue su propia administración quien las ha creado, lo condicionan seriamente a ser muy cauto y dejar de lado la fanfarronería para enviar mensajes a sus homólogos y en particular a Vladimir Putin.
Es cierto que Trump es un viejo taimado animal político y como dice el refrán ya no aprende mañas nuevas (y creo que no quiere aprender nada) y mucho menos creemos que a estas alturas vaya a adquirir el don de la franqueza y la honorabilidad que provienen de una conducta educada y gentil. Tal como su socio israelí Bibi Netanyahu, Trump solo respeta el dialecto de la violencia, el cinismo prepotente y el ultimátum como herramientas de dialogo con un oponente. En ese sentido implica un claro mensaje subliminal para que no cometa el error de buscar poner a China en contra de la Federación o convertirla en una mera moneda de cambio para concretar algún negocio en común. En resumen, el mensaje para Trump y su administración de psicópatas grafica una posibilidad muy cierta de que seguir por el camino de los dobles raseros y jugarretas sucias, Rusia podría llevarles el holocausto nuclear a su propio territorio en solo diez minutos.
Para China y en particular la Xi Jinping, el mensaje es diferente y no pasa por una severa advertencia como si lo es para los socios occidentales. Este sería más bien una invitación para que su vecino considere más allá de sus intereses que pueda tener con EEUU, que hay un socio con una fuerza estratégica determinante no solo para defender su seguridad estratégica sino también disponible para desplegarla en beneficio mutuo. En esto se incluye la disposición de Moscú para que se mantenga la beneficiosa cooperación estratégica que han logrado tejer durante estos años y como un respaldo tácito de la Federación de Rusia ante las probables amenazas que (más allá de los dichos de Trump) siguen operando en torno a Taiwán.













