¿Por qué la clara estrategia estadounidense de empeorar las cosas en Asia Occidental será como un bumerang para la administración de Trump y para los EEUU?
Cuando el Comité del senado convoco al secretario de guerra Pete Hegseth para explicar la catarata de contradicciones, falsedades y afirmaciones vanas que rodean la actual situación bélica en contra de la república Islámica de Irán, no hizo más que profundizar el sin sentido de lo iniciado el 28 de febrero. Adunado a este grotesco y farsante espectáculo de la política estadounidense, el grupo de tareas dirigido por el CENTCOM lanzaba otros ataques contra la infraestructura civil iraní matando en el acto a muchos civiles.
Lo más preocupante de esto fue que ninguno de los senadores en el recinto cuestionó ¿Por qué estamos enrollados en una guerra contra Irán? De más esta decir que es por Israel. Esta claro que la única preocupación que motivo esa audiencia fue que las cosas no estaban saliendo nada bien para las fuerzas estadounidenses y no abordando el fondo de la cuestión real como es, una agresión ilegal (denunciada por el ex director de contraterrorismo Joe Kent) y contraria al derecho internacional.
Luego de estos ataques y una catarata de amenazas de Trump, repentinamente ordeno detenerlos, pero, eso no significaba que cambiara sus intenciones. Nota aparte: China observa silenciosamente y con mucha atención mientras Corea del Norte también adopta una postura sobre el tema que Washington ni Tel Aviv ignoran.
Considerando este marco y a las acostumbradas desagradables sorpresas de Trump y su sequito, no era de extrañar que su administración iba a mover otras piezas en la región para escalar aún más y poner las cosas mucho peor. El ataque artero de la fuerza aérea saudita contra objetivos de la Resistencia Islámica en Iraq, con la asistencia de los estadounidenses (y seguramente israelíes) ejecutado el 29 de julio pasado, forma parte de esta “estrategia”.
Al mismo tiempo nos informa de una extensión critica del escenario bélico y de sus seguras consecuencias. Uno de los objetivos atacados fue el cuartel general de las “Brigadas Badr” (Así lo denunció el secretario general de la Organización Badr, Hadi al-Amiri), que irónicamente colaboraron con los estadounidenses durante la ocupación para asesinar a los partidarios de Saddam Hussein y combatir a la resistencia.
Pero, una vez más, este ataque conjunto no podría haberse producido sin el consentimiento del nuevo títere (Al Zaidi) en Bagdad. Sumado a esto, los incidentes con drones contra puertos egipcios -Damietta- y otros atentados aislados en la zona del Mediterráneo podrían estar siendo cometidos por equipos del Mossad con la intención de que la escalada se amplié. No olvidemos que para Israel mientras peor mejor.
Estamos en presencia de lo que la inteligencia de Ansar Allah ya había previsto al menos un mes antes, una ofensiva masiva contra todo el eje de la resistencia islámica y en la cual Riad tendría una participación. Fue por ello que los ataques a los dos tanqueros sauditas “Encelia” y el “Layla” no fueron casuales ni un acto de agresión injustificado. Mientras Pete Hegseth y todo el circo legislativo teatralizaban ante los medios una nada creíble separación de poderes (dado que todos responden a Israel), el Pentágono y sus mandos operativos en el CENTCOM seguían con sus agresiones sobre territorio iraní demostrando que todo aquello era solo una parodia.
Para los tipos que rodean a Donald Trump y en especial para los cabezas huecas como Hegseth, Rubio y los actuales comandantes y su Secretario de la Armada (dado que John Phelan renuncio ante tanta insensatez), la mensura de las consecuencias por sus propios actos no cuenta, pero si ya comienzan a pesar sobre los intereses estadounidenses pero aún más sobre la de los propios ciudadanos de a pie, quienes ven como la crisis económica se agudiza mientras La Casa Blanca financia sin límites una guerra que no traerá ningún beneficio, salvo para los intereses de Netanyahu y su estado genocida.
Y es que los ciudadanos de a pie podrían inquirirle a su gobierno ¿Cuántos billones de dólares más se van a tirar en las guerras que han abierto en el mundo?
Por esa motivación, la cual es claramente representativa de los intereses neoconservadores y sionistas, pero ajena a los intereses del pueblo estadounidense, la administración Trump ha tratado de presentar como victoria una situación completamente inversa y que han ido quedando expuestas a la luz pública.
Entre muchas de las tonterías que Hegseth se jacto desde la primera hora de la agresión fue que, los iraníes habían perdido toda su armada, destruido todos sus submarinos e incluso, que habían borrado su fuerza aérea. Sobre estas afirmaciones, si tiene razón en el hundimiento de un buque desarmado y en un puerto extranjero matando a toda su tripulación, un acto que además de vil y pérfido, representa un crimen de guerra que se añade a la larga lista del historial norteamericano. Los submarinos iraníes siguen operando y una prueba de ello es el alejamiento mar adentro de los buques estadounidenses.
Sobre la aviación, las afirmaciones de Hegseth quedaron repetidamente desmentidas tras varios ataques aéreos iraníes contra las bases en Qatar, Kuwait y Bahrein. Hegseth tampoco pudo explicar cómo los misiles iraníes pudieron borrar todas las bases estadounidenses en el golfo.
Pero, una vez más, este ataque conjunto no podría haberse producido sin el consentimiento del nuevo títere (Al Zaidi) en Bagdad. Sumado a esto, los incidentes con drones contra puertos egipcios -Damietta- y otros atentados aislados en la zona del Mediterráneo podrían estar siendo cometidos por equipos del Mossad con la intención de que la escalada se amplié. No olvidemos que para Israel mientras peor mejor.
Estamos en presencia de lo que la inteligencia de Ansar Allah ya había previsto al menos un mes antes, una ofensiva masiva contra todo el eje de la resistencia islámica y en la cual Riad tendría una participación. Fue por ello que los ataques a los dos tanqueros sauditas “Encelia” y el “Layla” no fueron casuales ni un acto de agresión injustificado. Mientras Pete Hegseth y todo el circo legislativo teatralizaban ante los medios una nada creíble separación de poderes (dado que todos responden a Israel), el Pentágono y sus mandos operativos en el CENTCOM seguían con sus agresiones sobre territorio iraní demostrando que todo aquello era solo una parodia.
Para los tipos que rodean a Donald Trump y en especial para los cabezas huecas como Hegseth, Rubio y los actuales comandantes y su Secretario de la Armada (dado que John Phelan renuncio ante tanta insensatez), la mensura de las consecuencias por sus propios actos no cuenta, pero si ya comienzan a pesar sobre los intereses estadounidenses pero aún más sobre la de los propios ciudadanos de a pie, quienes ven como la crisis económica se agudiza mientras La Casa Blanca financia sin límites una guerra que no traerá ningún beneficio, salvo para los intereses de Netanyahu y su estado genocida.
Y es que los ciudadanos de a pie podrían inquirirle a su gobierno ¿Cuántos billones de dólares más se van a tirar en las guerras que han abierto en el mundo?
Por esa motivación, la cual es claramente representativa de los intereses neoconservadores y sionistas, pero ajena a los intereses del pueblo estadounidense, la administración Trump ha tratado de presentar como victoria una situación completamente inversa y que han ido quedando expuestas a la luz pública.
Entre muchas de las tonterías que Hegseth se jacto desde la primera hora de la agresión fue que, los iraníes habían perdido toda su armada, destruido todos sus submarinos e incluso, que habían borrado su fuerza aérea. Sobre estas afirmaciones, si tiene razón en el hundimiento de un buque desarmado y en un puerto extranjero matando a toda su tripulación, un acto que además de vil y pérfido, representa un crimen de guerra que se añade a la larga lista del historial norteamericano. Los submarinos iraníes siguen operando y una prueba de ello es el alejamiento mar adentro de los buques estadounidenses.
Sobre la aviación, las afirmaciones de Hegseth quedaron repetidamente desmentidas tras varios ataques aéreos iraníes contra las bases en Qatar, Kuwait y Bahrein. Hegseth tampoco pudo explicar cómo los misiles iraníes pudieron borrar todas las bases estadounidenses en el golfo.
Todo esto demuestra y contrariando al bocón Hegseth, que la armada de EEUU no controla nada ni en el Mar Rojo, ni en el golfo Pérsico ni en el Mediterráneo y como se ven las cosas quizá no lo haga en el estrecho de Malaca donde trata de asfixiar las rutas navales del comercio chino. Como dice el dicho “el pez por la boca muere” y esto le cabe perfecto al secretario de guerra Pete Hegseth ya que toda la montaña de mentiras y exageraciones sobre las cuales él y la administración a la que sirve, llevaron adelante los crímenes que representan la agresión ilegal contra la república Islámica de Irán, se le volverán en contra y sus efectos no tardarán de verse en breve.










El estallido de violencia planteó nuevas preguntas sobre los esfuerzos para encontrar un fin permanente a la guerra iniciada el 28 de febrero. (The Associated Press)