7/7/22

“OPERATIVO ALFIL 1, HACE 30 AÑOS”




Cómo al paso de 30 años de aquella guerra internacional sigue siendo una batalla sin concluir para los veteranos argentinos






Hace 30 años atrás, para estos días, las dos naves argentinas del “Operativo Alfil I”, se encontraban en pleno de las operaciones militares de apoyo táctico y estratégico a la campaña militar contra las fuerzas iraquíes que se hallaban en Kuwait. A finales de enero de 1991, el destructor “ARA Ate. Brown” y la corbeta “ARA Spiro” terminaban una quincena infatigable de tareas de escolta y protección de las líneas logísticas que abastecían a los portaaviones que estaban lanzando los principales ataques aéreos sobre Kuwait e Iraq.


Eran momentos de mucha tensión. El ambiente era tan denso que como dice el dicho “se podía cortar con un cuchillo”. Las presiones que la misma situación de guerra en la que se encontraban las tripulaciones, se agregaban las que surgían de las relaciones jerárquicas ya no solo entre los mismos argentinos sino incluso, debiendo estar atentos a las órdenes y maniobras que disponían los cerebros navales desde el cuartel general del NAVCENT en Arabia Saudita, desde donde se coordinaban las acciones en una gran mesa de estrategia.


Aunque no se les comunicó a ningún miembro de las tripulaciones argentinas, todos –sin distinción entre oficialidad y suboficiales- estaban siendo observados y evaluados por los atentos ojos de los elementos norteamericanos que permanecían en el área de comunicaciones y que hacían de enlace con el Comando general. Aquellos tres marinos yanquis que el NAVCENT había enviado para instalar las antenas para comunicaciones en la “Brown”, eran también los ojos y los oídos de los encargados de la inteligencia de la campaña. Y es que los motivos eran tan importantes como determinantes; además de mantener los canales fluidos de comunicación, debían asegurarse de cuál era la moral y la disciplina de las tripulaciones y prevenir posibles inconductas que hubieran hecho fracasar las operaciones.


Sin dudas que fueron momentos muy duros; los minutos parecían horas y las horas semanas; y no solo los argentinos se vieron sometidos a estos extremos que crispaban los nervios. Sus mismos colegas norteamericanos, británicos y canadienses, cayeron en muchos casos, rendidos al poder de la presión que destruía los nervios de los hombres más firmes y preparados.


Desde la cubierta de la Brown



Hoy a 30 años y a lo lejos, se puede evaluar con mucha precisión, lo que represento esa posición de las tropas argentinas operando dentro de aquel letal teatro de operaciones y en una situación que solo aquellos hombres conocieron de primera mano. Justamente e 1º de febrero de 1991 desde las cubiertas de la “Brown” y la “Spiro”, los marinos argentinos contemplaban atareados como iban y venían los aviones de combate norteamericanos que despegaban del portaaviones “USS Midway”, punta de lanza que dio inicio a las operaciones de bombardeo contra Kuwait e Iraq y al cual asistieron hasta el final de la campaña.


Fueron testigos de cómo los aviones norteamericanos “A-6 Intruder” preparaban sus miras lanzado sus bombas en blancos remolcados por el “USS Kansas City”, que se hallaba navegando junto a ellos. O como podrían olvidar como aquellos gigantescos helicópteros “Chinook” de la naval estadounidense maniobraban por encima de la cubierta del destructor “Brown” para trasladar personal de un buque a otro; sin dudas que eso fue una experiencia profesional inédita, inimaginable y a l vez imborrable para los argentinos.


Inmersos en sus tareas de agitadas rutinas de combate, los argentinos debían estar listos para cualquier contingencia que por un mínimo descuido, podía ser fuente de un desastre. Las aguas del golfo estaban pobladas de problemas que podían llegar a ser letales y solo ellos, pudieron ser testigos de varios de aquellos. La fuerza de la Coalición naval no solo debió estar al pendiente –y bajo una total desinformación- de las amenazas militares que “Saddam” tenía apuntando hacia el Golfo, sino también de los varios peligros que ni siquiera tenían idea que existían.


Sin dudas de que fueron protagonistas de la última y más portentosa guerra naval que el siglo XX vio antes de finalizar. El poder destructivo de las armas empleadas y la cantidad en toneladas que se movieron por las peligrosas aguas del golfo pérsico para que los arsenales de las tropas terrestres y las “Santa Bárbara” de los buques como el “USS Midway” no detuvieran el fuego, sigue siendo uno de los temas que se atienden con mucha importancia en las cátedras de apoyo de combate y logística –entre otras- en la Academia Militar de West Point, ubicada en estado de New York, Estados Unidos.


El brazo logístico fue primordial para el éxito de la campaña “Tormenta del desierto” ya que sin el desarrollo de las operaciones de control, vigilancia y custodia de los transportes que entraban al Golfo por el estrecho de Ormuz, seguramente se habrían registrado graves incidentes, que acometidos por células extremistas dispersas en la región, hubieran causado una demora en el abasto para las tropas que debían mantener un fuego coordinado y constante, si no querían que las Brigadas mecanizadas iraquíes los aplastaran con algún contra ataque. Como dijo el diseñador de éstas operaciones logísticas, “debemos funcionar como un reloj de precisión; si no podemos garantizar eso, le diré Schwarzkopf que no inicie nada”.


Un Chinook sobre la Brown



Entre las tareas que el operativo “Alfil I” tenía que cumplir, era las de asegurar el paso de los buques tanque que debían aprovisionar a la flota que se hallaba en operaciones. Esto que los norteamericanos denominan “refuelling” o reaprovisionamiento de combustible, que en la situación de guerra en la que se encontraban, representaba un riesgo potenciado no solo por la posibilidad de ser sorprendidos por un misil –ej. Misiles costeros Frog- en medio de la operación de alije, sino también por la presencia de todo tipo de minas explosivas. Precisamente sobre esto último, a pesar de la operatividad de varios buques “barreminas” y de los incesantes vuelos de helicópteros que exploraban las zonas para detectar entre otras cuestiones, posibles minas flotantes, existían en ese momento otros tipos de estos ingenios que estaban en el fondo del lecho del golfo y operaban en una manera más sofisticada.


Si tan solo una de esas minas hubiera tocado a un buque en momentos del reaprovisionamiento, se hubiera desatado un infierno sobre el agua dejando muy pocas probabilidades de que hubiese supervivientes.


Lo mismo con los buques que trasladaban municiones, bombas y misiles para los aviones que estaban embarcados en los siete portaaviones que encabezaban las operaciones navales de apoyo a la ofensiva que se realizaría por las tropas en Arabia Saudita. El arribo sin pausa y con seguridad era primordial para garantizar eficacia en las operaciones que se delineaban desde el cuartel general en Riad, desde donde los generales y almirantes coordinaban con minucia los movimientos de cada operativo desplegado en el golfo.


Ninguna embarcación estaba desligada de la cadena de mando que provenía desde el NAVCENT enclavado en Riad, base estratégica que coordinaba y planificaba el desarrollo de las operaciones en los diversos sectores que comprendieron el Teatro. En esas planificaciones y en medio de las hostilidades, los argentinos demostraron profesionalismo y un entusiasmo poco esperado por algunos mal pensados coordinadores de la campaña que, dicho sea de paso, supieron cometer errores que demostraban estar alterados por la presión.


Se había formado una comunidad en la zona, aunque para nada relajada; en el Teatro de operaciones que se extendía desde la entrada del estrecho de Ormuz hasta el norte del Golfo, los buques podían verse las siluetas recíprocamente y a veces supieron estar tan cerca unos de otros, que lograban verse como sus camaradas norteamericanos corrían con el culo entre las manos ante situaciones que habían quedado consignadas a quedarse y no salir de allí. 

Recuerden sino aquel incidente del “USS Midway” que en apariencias y sin que se esperara, recibió un duro ataque con misiles que teóricamente –y según los expertos militares- no podían estar allí. ¿Qué hubiera sucedido si uno o esos misiles pasaban de largo y llegaban a una de las embarcaciones argentinas que estaba tan cerca? Solo para que el lector se haga a la idea de lo que podía haberle hecho un misil “Frog-7” a un buque como el Alte Brown o peor aún, a la pequeña corbeta Spiro, solo considere que al ser un vector de 9.1 metros de largo y con una cabeza armada de 550 kilogramos que ha ganado velocidad con un alcance de 75 kilómetros (mucho más que la distancia que patrullaban las naves), el solo imaginarse que uno de esos monstruos impactase por debajo de la línea de flotación en alguno de estos navíos, hoy estaríamos hablando de “bajas” y para el gobierno argentino, un dolor de cabeza para el cual no hay aspirina.



Ante la inminencia de los peligros que poblaron aquel cajón de aguas llamado “Golfo Pérsico” que lo asemejaba a un polígono acuático y pese a los informes del Departamento Naval estadounidense –en especial el director de la ONI- que concluyeron como destacable a la invalorable actividad de las dotaciones argentinas en las operaciones “Escudo del desierto” y “Tormenta del Desierto” , muchos se preguntan ¿Qué espera el gobierno argentino para reconocer a estos hombres su derecho bien ganado a ser reconocidos como VETERANOS?

6/7/22

“LA IMPORTANCIA DE LA FASE NAVAL”




¿Por qué la Campaña del Golfo Pérsico de 1990-1991 no pudo haber sido concretada con éxito sin la fuerza naval?




Como ha sido una costumbre en la historia de occidente y en la del mundo anglosajón en particular, solo los resultados favorables son dignos de contar y aún así, recién cuando ellos sean debidamente retocados a conveniencia de su historia política. Incluso, aquellos episodios desfavorables, serán contados de una forma amañada que los disfrase de epopeyas. Es por ello que los sucesos importantes y trascendentes de la humanidad tienen dos caras y solo una ha sido contada a las posteridades ¿Por qué? Pues porque se trata de seguir manteniendo un estado de cosas que importa al poder establecido.


Es de ese modo que manipulando a las generaciones venideras con falacias y mentiras, se puede perpetuar una idea, una política y con ello una historia determinada.


La guerra del Golfo Pérsico en 1991 como parte de la historia contemporánea y desde su más estricta fase militar, ha sido abordada desde una perspectiva acotada y reducida centrándose solamente en mostrar dos fases: La campaña aérea y la campaña terrestre dejando de lado arbitrariamente a la que proporciono el factor vital para poder desarrollar aquellas dos, la naval.


Este reduccionismo arbitrario se ha debido a una clara intensión de obviar los entretelones (políticos, económicos, diplomáticos etcetc) que rodearon al conflicto y a darle al evento un resultado efectista del triunfalismo estadounidense. Tal como un cuento para niños.


Pero la realidad de como ocurrieron las cosas es muy diferente a lo que un documental de la “History Channel” lo cuenta. Llendo al punto diremos que ni la Fuerza aérea ni las fuerzas terrestres reunidas en aquel momento no habrían logrado sus objetivos sin la existencia de un poder naval que hubiera contribuido y respaldado su presencia. Las razones de esta conclusión se basan ante todo en las características geográficas que presentaba aquel teatro de operaciones y la importancia geopolítica y estratégica del mismo.


Como se verá, el tema es mucho más complejo y enredado de lo que EEUU ha documentado y es necesario explicar por qué la fase naval fue preponderante para la eficacia de la Operación “Desert Storm” de 1991.

Desde el punto de vista geopolítico, el control de los espacios marítimos aledaños al objetivo planteado, era fundamental para garantizar la continuidad del flujo comercial del petróleo mundial. George H. Bush no habría podido impulsar aquellos planes sino le aseguraba al poderoso emporio petrolero (del cual participaba con “Arbusto Energy Oil Co”.), que el mercado del petróleo seguiría fluyendo sin inconvenientes desde el Golfo.


En momentos que se desato la crisis el 70 % de los recusos petrolíferos extraíbles se hallaban en la región del Oriente Medio, de los cuales dependían en diversos porcentajes Europa, Japón y los EEUU.


Recordemos que la administración de George H. Bush llegaba al poder con una Armada (US NAVY) materialmente mejorada gracias a la multimillonaria inversión de su predecesor que bajo la llamada “Doctrina Reagan”, puso en marcha –entre otras- la estrategia de Air land Battle que entre otros objetivos, tenía la de llevar adelante intervenciones en otros países siendo la marina la punta de lanza de las operaciones.


Pero si usted aún se esta preguntando cómo EEUU pudo organizar tan rápidamente su intervención en el Golfo en 1990 y golpear militarmente como lo hizo después, sepa que nada estaba abandonado al azar. Más allá de las ventajas que Washington saco de las circunstancias geopolíticas imperantes (caida de la URSS) y de su estrecha relación con el gobierno de Saddam Hussein durante la guerra con Irán, los asesores de Seguridad Nacional y sus cerebros tenían desde hacía mucho un plan de contramedidas para la región.


A mediados de la década de los setentas mientras Washington coqueteaba diplomáticamente con el gobierno del joven Saddam Hussein y su Departamento de Estado nominaba al Irán del Sha Reza Palevi como uno de los pilares estratégicos del Oriente Medio, en 1977 el Consejo de Seguridad Nacional (CSN) aprobo la Decisión Directiva Presidencial n° 18 del presidente Jimmy Carter –Desclasificado el 1/06/1992- recomendando una estrategia que incluyera el uso de la fuerza en situaciones “no-OTAN” dentro del Oriente Medio en general y del Golfo Pérsico en particular.


Según algunas fuentes no oficiales, en este documento se prevé en los párrafos casualmente entintados (Censurados) un capitulo bajo el título “Middle East Contingencies” a los países estratégicos (Iraq e Irán) y el modo de intervernirlos en caso de que los intereses de EEUU se vieran en riesgo. Esta censura sobre dichos párrafos no fue casual ya que si Bagdad o Teherán se hubieran enterado de estas previsiones muy seguramente Washington no habría podido maniobrar como lo hizo durante toda la década de los ochentas.


Para occidente (EEUU y la Europa Occidental) las rutas marítimas de ingreso y salida del Golfo Pérsico eran y siguen siendo de importancia estratégica vital para las comunicaciones y el comercio. Es por ello que no hay que esperar que los portaaviones estadounidenses salgan del área. Incluso si en algún momento Washington considerase que ya no tienen propósito de operar allí, existen otros intereses en la región que no permitirán que se retiren, siendo uno de ellos los israelíes.


En 1979 la excusa para penetrar en el Golfo fue el hipotético peligro de una extensión del extremismo islámico iraní sobre la península árabiga y cuando ello dejo de ser funcional a sus objetivos, los cerebros en Washington pasaron a crear otro enemigo sacrificando a uno de sus socios como lo fue Iraq. Siempre habrá una excusa para que estas fuerzas de tareas flotantes (como el caso de la VII Flota) se encuentren allí (Al Qaeda, ISIS y el terrorismo es una de ellas). Estos fueron precisamente uno de los elementos preponderantes para desarrollar las fases tácticas que culminaron con el cese de las hostilidades en febrero de 1991.


El control de las líneas marítimas revistió –y actualmente sigue revistiendo- una importancia estratégica central para el desarrollo, preparación y ejecución de la “Tormenta del Desierto”, factor que al mismo tiempo fue torpemente desdeñado por los estrategas de Bagdad. Si Saddam Hussein y sus comandantes hubieran valorado en su debida medida el factor naval como un pilar estratégico para defenderse de una agresión externa, ciertamente que el resultado de la crisis de 1990 y su desenlace hubiera sido otro e incluso Iraq no habría sufrido la calamitosa invasión de 2003.


Se puede asegurar que el pilar naval fue decisivo para el desenlace de la guerra de 1991. Igualmente, su sola valoración no sería suficiente para lograr los objetivos tácticos y estratégicos que se pusieron en marcha contra Iraq. Las consideraciones sobre los medios para llevar la confrontación a ese escenario fueron exhaustivas y muy bien meditadas. Fue allí donde radicó como primer objetivo a concretar la “necesidad estratégica” de conformar una Coalición naval que asegurara el control total de las aguas territoriales árabes del Golfo Pérsico.


El componente de dicha Coalición estaba políticamente condicionada. La sola participación de buques de países miembros de la OTAN era no conveniente aunque ello no hubiera bastado para lo planeado. Igualmente señalemos que en aquel entonces había fuertes resistencias de varios socios de la alianza en participar de ésta aventura.


Pero ¿Cuál fue la primera señal de que habría una guerra? Precisamente, el esfuerzo diplomático de Washington ante Naciones Unidas por imponer un bloqueo marítimo.


En la guerra uno de los objetivos estratégicos primordiales es privar al enemigo de sustento y provisiones siendo necesario para ello cortar sus vías de comunicación comercial. A pesar de la pequeña costa iraquí, ampliada con la anexada kuwaití, era por donde salía una parte importante de su producción petrolera. El bloqueo naval era la táctica por excelencia para dicho fin aunque, se requería una justificación política de peso para desplegarla ex ante y que mejor para ello, que hacer participar a terceros países apoyándose en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas mediante una muy aún discutida interpretación del Capitulo VII de la Carta Orgánica.


En el caso de Iraq, cortar las ganancias de sus exportaciones petroleras y sus importaciones de bienes por mar fue el primer acto de beligerancia de EEUU y de la UEO (obviamente encubierto) como prolegómeno al ataque que se llevaría a cabo el 16 de enero de 1991. No olvidemos que entre medio de estos preparativos, los estadounidenses hicieron fracasar todas las conversaciones desestimando cualquiera de las propuestas de Bagdad y de otros países. En resumen ganar tiempo era el objetivo. Fue a instancias de la aquella funcionalidad de Naciones Unidas como Washington, con el apoyo de armadas de terceros países, que Washingotn logró establecer este primer objetivo estratégico de ahorcar el sustento económico de Iraq.


Asimismo la importancia de controlar el espacio marítimo no solo radicaría en la necesidad de establecer una ruta de aprovisionamiento logística segura para las tropas terrestres que irían acumulándose sino también, una política de control estratégico de todo el espectro más amplia y compleja, que se extiende hasta nuestros días. En ese marco, toda la ayuda posible era bienvenida e inestimable ya que la ocupación marítima era la plataforma sustentatoria de las acciones aéreas y terrestres por venir.


Amen a ello, hasta ese entonces no se tenía plena información de las capacidades antibuque de los sistemas iraquíes quienes en apariencia contaban con misiles costeros (Chinos y franceses) y baterías costeras fijas que podrían complicar en alguna medida las tareas de la Armada de EEUU. En lo referente a la capacidad de la Armada iraquí, poco había para considerar como una amenaza real aunque si, con los buques capurados a la pequeña armada real kuwaití que se hallaba compuesta por lanchas misilisticas modernas (Lanchas “Lürssen FPB-57”) que además de veloces, tenían montados misiles MM-40 “Exocet”.


VII Flota camino al Golfo Pérsico 1990

Con anterioridad y hasta 1990, EEUU tuvo límites en el control marítimo del Golfo Pérsico dedicándose a custodiar a los superpetroleros de los ataques iraníes. El confuso incidente del “USS-Stark” en 1987 dejo en claro los riesgos existentes. Solo Arabia Saudita proveía una cooperación apática y limitada a los movimientos estadounidenses, justificados en su interesado apoyo a Iraq contra Irán. 

Y no hay que perder de vista que dicho apoyo no estaba centrado en el “peligro del chiismo” o la “virulencia revolucionaria” de Khomeini promocionado con entusiasmo por los medios occidentales, no nada de eso. Lo único que querían los monarcas de la Casa real Hachemita era continuar gozando de sus privilegios y opulencia que proveía las ganancias del negocio del petróleo del cual participaban las Corporaciones y empresas estadounidenses entre las que se contaba “Arbusto Oil Energy.Co”.


Para cuando el 2 de agosto de 1990 estalló la crisis, la flota estadounidense en la zona bajo el comando COMMIDEASTFOR, no estaba a la altura de las circunstancias y hasta tanto se trasladara la VII Flota al Golfo Pérsico, convocar a una Coalición naval multinacional cubriría el vacío que se sumaría junto aquella a las primeras instancias de las operaciones tácticas de bloqueo contra Iraq. Hasta tanto llegara la VII Flota, la flota del “Miedio Oriente” realizaría las tareas de interceptación junto a los aliados que iban llegando.


Como puede verse, el celo de EEUU por centrar sus esfuerzos en consolidar un pilar naval en aquella oportunidad, estaba preconcebido. Fue por ello que Washington permitio a Iraq el acceso irrestricto de armamento terrestre y aéreo pero casualmente nunca alentó el crecimiento y modernización de su pequeña flota. Seguramente bajo el argumento de que la Armada de EEUU protegería su litoral contra las amenazas iraníes, convenció a Bagdad de no preocuparse por construir un poder naval propio. Como vimos, ello fue un error fatal para Iraq.


Pero fue este paulatino dominio del mar en el Medio Oriente y en particular del Golfo Pérsico que permitió a los EEUU, establecer el primer escalón de sus objetivos geopolíticos y estratégicos en la región, como hemos visto planificados con antelación siendo la Armada el factor gravitante para concretarlos.

1/7/22

DE MALVINAS AL GOLFO PERSICO


ARA SPIRO

ARA BROWN




Considera el articulista las posibles, y lejanas, similitudes entre la guerra del Golfo y las de las Malvinas. La capitulación total de los perdedores y el resurgir del nacionalismo son aspectos coincidentes en los dos conflictos.

La civilización no suprime la barbarie; la perfecciona. (Oscar Wilde).El 31 de marzo de 1982, millares de argentinos convocados por las organizaciones sindicales se congregaron en la plaza de Mayo para repudiar la dictadura. El régimen militar estaba en crisis absoluta y todo hacía pensar que no tardaría en caer. Más fuertes que el miedo, la furia, la desesperación y la esperanza, empujaron a la gente hacia la plaza. Dos días después, sin embargo, una multitud más numerosa aún se reunió en el mismo sitio para expresar su apoyo incondicional al general Galtieri. Los militares acababan de recuperar las islas Malvinas.

Unas semanas después, mientras la flota inglesa se dirigía al Atlántico Sur, apareció en París, en el diario Le Monde, una declaración firmada por varias decenas de exiliados. Condenábamos la invasión porque nos oponíamos al principio de resolución de conflictos por la fuerza, y sobre todo porque negábamos a la dictadura militar el derecho a ejercer cualquier acto en nombre del pueblo. También reivindicábamos el derecho argentino sobre las islas, condenábamos el neocolonialismo británico y el envío de su armada, por considerar que las potencias occidentales, en particular Estados Unidos, disponían de los resortes necesarios para obligar a los militares argentinos a dar marcha atrás.


El mismo día de la aparición del comunicado, muchos de los firmantes recibimos llamados insultantes o amenazadores. No provenían, como podría pensarse, de amigos de la dictadura, sino de exiliados o proscritos súbitamente presos de: un fervor nacionalista tal que les había hecho olvidar la naturaleza del régimen, el derecho a. disentir y hasta el sentido de la amistad. En el interior del país ese sentimiento fue mucho más poderoso. 

Atrapados entre la razón de sus convicciones y el estigma de traidores a la patria, los sectores más lúcidos y progresistas se vieron desde el principio reducidos a un impotente silencio y al aislamiento. Un par de años después, ya de regreso, me di cuenta de que desde dentro y en plena guerra la doble y equidistante razón del comunicado parisiense perdía su equilibrada polaridad y se tornaba en magma confuso. Que quizá en la marea emocional de una guerra de esas características, en la alternativa de elegir entre dos males, no es posible otra cosa que mentir callando y colaborar por simple omisión. Que en cualquier caso el estallido de la primera bomba pone automáticamente a todo el mundo en la misma trinchera.Intransigencia



Aunque muy distinta, la guerra de las Malvinas tuvo algunas similitudes con la actual. En primer lugar, la sospechosa indiferencia de Estados Unidos y del Reino Unido ante una invasión inminente y conocida. Luego, la intransigencia: el Reino Unido no quiso entrar a discutir en ningún momento no ya la soberanía, sino siquiera la reivindicación argentina sobre unas islas ocupadas en el siglo pasado en un acto de piratería, con lo que los invasores fueron obligados a elegir entre el suicidio y la guerra. Noam Chorrisky ha reseñado con precisión (véase EL PAÍS del 12 de enero de 199 1) no sólo los antecedentes coloniales de la crisis del golfo Pérsico, sino incluso una propuesta de Sadam Husein de abril de 1990 (más de un año antes de la invasión de Kuwait), en la que éste propuso a George Bush la destrucción de sus armas convencionales si Israel aceptaba otro tanto. 

Paul Balta, por su parte, recuerda que en 1969 el joven Arafat defendió la idea de "un Estado palestino democrático en el cual coexistirían cristianos, judíos y musulmanes", rechazada de plano por Israel (véase EL PAÍS del 31 de enero de 1991). Teniendo en cuenta tc1os los antecedentes, la propuesta de Sadam de ligar su retirada de Kuwait con el caso palestino debió ser tomada en consideración, aun sin creer en absoluto, como es lógico, que ése fuera su objetivo al invadir. En cualquier circunstancia, esa concesión hubiera sido mínima comparada con los daños de la guerra que ahora se están poniendo en evidencia, sobre todo cuando existe acuerdo general en que después habrá una conferencia sobre Oriente Próximo.

La guerra de las Malvinas (en la que los británicos atacaron con ferocidad, aunque no hubiese explotación petrolera) concluyó en que allí donde -sólo había pastores y ovejas ahora haya una superbase militar británica. En cuánto a la reivindicación argentina, el asunto está cerrado: a los derrotados, ya se sabe, no les asisten derechos. ¿No ocurrirá ahora que después de la eventual derrota iraquí el golfo Pérsico quede bajo control militar de Estados Unidos y el pueblo palestino "empujado a una desesperada alianza con Irak- despojado de sus derechos por mucho tiempo?



El otro elemento similar entre las Malvinas y el Golfo es una de sus consecuencias: el resurgir del sentimiento nacionalista. Aunque el Estado es confesional, la sociedad argentina es perfectamente laica, moderna en el sentido occidental. No existe nada comparable al formidable elemento místico unificador que representa el en el mundo árabe. Sin embargo, aquella aventura militar tuvo el apoyo inmediato de los más dispares Gobiernos latinoamericanos, y después de la guerra no hay en Argentina partido político con posibilidades electorales que no incluya en su programa la reivindicación nacional sobre las Malvinas. Los siniestros militares carapintadas son hijos directores de esa guerra y el presidente Menem es considerado en ese punto como un traidor, por asumir con realismo la recomposición de los vínculos diplomáticos y comerciales con el Reino Unido. 

En la medida en que las democracias del Tercer Mundo no hacen hasta ahora más que ampliar y profundizar la miseria con sus medidas de ajuste dictadas -no hay que olvidarlo- desde el Norte, el peligro de un nacionalismo exacerbado aumenta. Basta comprobar en este momento el multiplicado vigor de los sectores integristas islámicos en el mundo árabe e imaginar el embarazo de un musulmán moderado y progresista aliado, por ejemplo, de la Internacional Socialista. Cualquier integrista le diría, no sin razón en este caso, que De Gaulle era mejor que Mitterrand.

Los defensores de Occidente ponen al acento en que esta guerra la empezó el invasor iraquí e 2 de agosto, en que Sadam Husein es un tirano y criminal indefendible y en que están en juego intereses vitales, con el agregado de que pararle los pies ahora a Sadam será en cualquier caso menos costoso y sangriento que hacerlo dentro de unos años.

Analistas que reconocen los hechos pero que rehúsan embarcarse en la aparente lógica, de esta guerra subrayan por su parte que fueron los principales miembros de la alianza occidental y de la URSS quienes armaron a Sadam incluyendo las armas químicas y bacteriológicas, que este conflicto tiene origen en el arbitrario e interesado orden poscolonial impuesto por las potencias oceidentales y que no es el derecho internacional ni la democracia lo que se defiende en el Golfo, sino sencillamente el petróleo, la seguridad de Israel y la estabilidad de las monarquías petroleras árabes aliadas de Occidente.Vieja patraña

EL QUE SE PUSO DE ACUERDO PARA LA GUERRA



Todo esto se ha dicho ya bastante aunque es notable que los prooccidentales a ultranza eviten la polémica en el terreno histórico, concreto y se sirvan de la vieja patraña maniquea civilización o barbarie. Los nuevos cruzados no se aventuran en lo que Ítalo Calvino llamaba "el mar de la objetividad", mucho más complejo y menos reconfortante. De cualquier modo, la discusión parece centrarse ahora -descontando la victoria militar aliada, más tarde o más temprano- en qué clase de nuevo orden internacional será el que surja después del conflicto.

 Los optimistas -Savater, Timerman, por citar a algunos de esta misma página opinan, grosso modo, que esta guerra ha dado por fin el protagonismo a la ONU y que en el futuro sólo habrá -si las hay guerras por consenso y en defensa del Derecho Internacional; que la derrota de Irak abrirá las puertas de una conferencia sobre todos los problemas de Oriente Próximo y que por fin el mundo civilizado tendrá el horizonte libre de comunistas y mesiánicos líderes tercermundistas para difuminar su bálsamo bienhechor. Hasta hay especialistas que pronostican que "Europa regirá la economía mundial" y proponen "un Plan Marshall europeo para los países del Este y los del Magreb" después de la guerra (véase EL PAÍS del 2 de febrero de 1991), lo que supone un mundo liderado por un capitalismo democrático y social a la europea.

El pesimismo parece, sin embargo, más razonable. El papel de Europa en la constitución de un nuevo orden jurídico mundial está resumido en el programa de posguerra de Henry Kissinger: ninguno (véase EL PAÍS del 29 de enero de 1991). En cualquier caso, será mínimo e intrascendente, como lo fue antes y durante su influencia política y militar. El país que desde hace al menos una década está imponiendo al mundo un Plan Marshall de proporciones descomunales es Estados Unidos. Una simple Ojeada a su déficit presupuestario y de comercio exterior, a su deuda externa y a la crisis de su sistema financiero basta para augurar que la presión que ejerce sobre el resto del mundo se redoblará en el futuro, desde una posición más prepotente y hegemónica. 

No habrá capitales para los países del Este ni para el Tercer Mundo después de esta guerra, al menos por bastante tiempo. Habrá, en cambio, rebrote nacionalista y sed de venganza en el Sur, por no hablar de una eventual. involución grave de la perestroika. Habrá, por tanto, demanda armamentista, nuevas guerras en el horizonte y un más que probable rebrote del terrorismo internacional. Si la guerra se prolonga, o si la crisis consecutiva es seria, hasta es previsible una descomposición de la Comunidad Europea y el ingreso de la socialdemocracia en un cono de sombra. El nacionalismo xenófobo, regresivo y musculoso no es un invento árabe, y los que comparan a Sadam con Hitler no caen en la cuenta de que el espejo de la historia les devuelve su propia imagen.


FALLIDO RECONOCIMIENTO A NUESTROS PEDIDOS





478 argentinos veteranos de guerra golfo persico 1991



MARIO LUIS OVIEDO JUNTO AL EMBAJADOR EN LA ARGENTINA DE KUWAIT, lanzó esta petición dirigida a CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACION ARGENTINA.
HOY ESTE CAMARADA POSTRADO EN SILLA DE RUEDA POR UN ACV DESPUES DE COVID-19


Un Gobierno Democratico argentino nos envio a una Guerra en el Golfo Persico Año 1991 y luego que participaramos en dicha Guerra ahora sostiene que fue una Mision de Paz, si realmente asi fuera deberiamos tener un Distintivo de Misiones de Paz que otorga la Organizacion de Naciones Unidas ( ONU ) y no lo tenemos si tenemos una Condecoracion de Kuwait y otra Condecoracion de Arabia Saudita.

Con esto se logro que Kuwait abriera una Embajada en nuestro Pais, que tuvieramos un gran apoyo de dicho Pais y que Estados Unidos nos nombrara Miembros Extra OTAN.

Pero a 30 años no nos han otorgado los Titulos, Honores y Compensaciones que nos corresponden.

29/6/22

SINDROME DEL GOLFO PERSICO LA MISTERIOSA ENFERMEDAD...





La posible causa detrás del Síndrome del Golfo, la misteriosa enfermedad que ha afectado a soldados de EE.UU. por décadas




Científicos estadounidenses dicen que han descubierto qué causó que miles de soldados que sirvieron en la Guerra del Golfo de 1991 se enfermaran con síntomas misteriosos.


Han responsabilizado al agente nervioso sarín, que se liberó en el aire cuando bombardearon depósitos de armas químicas iraquíes.


Muchos veteranos se han quejado de una variedad de síntomas debilitantes que se desarrollaron después de su servicio en Irak.


Pero durante décadas la causa del Síndrome de la Guerra del Golfo ha permanecido esquiva.


El sarín suele ser mortal, pero el doctor Robert Haley, quien lideró la investigación sobre lo ocurrido, dijo que el gas al que los soldados estuvieron expuestos en Irak estaba diluido y, por lo tanto, no era fatal.


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Nota: Ver referencia al final de esta entrevista para leer los estudios del Dr. Haley, así como las críticas científicas publicadas sobre los mismos.



P: Dra. Haley, ¿está hoy convencida de que existe un síndrome de la Guerra del Golfo real?



R: En el 24º Batallón Móvil de Construcción de la Marina que estudiamos, hay 30 síndromes, son muy fuertes y se deben a daño neurológico y están fuertemente asociados con combinaciones de exposiciones químicas de fosfato orgánico. Eso es innegable. Ahora, hay una muy buena pregunta científica: ese hallazgo será generalizable al grupo más grande de veteranos que sirvieron en la guerra, y de eso se trata nuestro próximo proyecto de investigación.



P: Cuéntame cómo te involucraste con este tema.



R: Soy epidemiólogo. Pasé 10 años en el CDC. He estado aquí en la facultad ahora por casi 15 años. Estaba trabajando intensamente en una serie de proyectos epidemiológicos, incluida la hepatitis C y algunas otras nuevas epidemias fascinantes.



Y un día recibimos una llamada de Ross Perot, que vive aquí en Dallas, vino a la Universidad aquí y dijo: "He estado viajando como de costumbre hablando con grupos de veteranos y últimamente he tenido una experiencia inusual. Grupos de veteranos vendrán después de una de mis charlas o vendrán a visitarme aquí en mi oficina y sus esposas o los comandantes de sus compañías señalarán a este tipo y dirán 'Mira, antes de la guerra este tipo era un hombre fuerte, duro, puede Persona, y ahora mira a este pobre hombre, lo enfermo que está y este cambio justo después de la guerra. Y nadie está haciendo nada al respecto y le están diciendo que se debe al estrés y él... eso simplemente no es en carácter para este tipo' y dice que esto ha estado sucediendo por todas partes. No sé si esto es real, pero si lo es,necesitamos -- necesitamos un estudio independiente y si ustedes en esta universidad participan en tal estudio, estaré feliz de ayudar a sufragar los costos".



Así que entramos en una sociedad 50/50 en la que proporcionamos el tiempo de la facultad para nada, y él contribuyó y cubrió los gastos de bolsillo. Empezamos el estudio y en realidad yo era muy escéptico con esta idea. Pensé que esto también era estrés. Y estaba colaborando con un toxicólogo que tenía la sospecha de que esto podría ser un problema tóxico, así que tuvimos esa hipótesis...



P: Como epidemiólogo, usted sabe que este tipo de pruebas anecdóticas suenan convincentes, pero a menudo no funcionan.



R: Sí. Con mucha frecuencia, un epidemiólogo se enfrenta a personas que creen haber estado involucradas en una epidemia . Dos o tres casos de la enfermedad de Hodgkin en una reunión de la escuela secundaria, por ejemplo, y la gente dice que eso es demasiada coincidencia. Pero, de hecho, la mayoría de estos resultan no ser epidemias, sino sucesos naturales, cosas que habrían ocurrido de todos modos, y eso es lo que pensábamos que era el Síndrome de la Guerra del Golfo, solo enfermedades que habrían ocurrido. Así que lo investigamos realmente para refutar el síndrome. Pero luego, cuando comenzamos a estudiarlo, en cada etapa los datos nos gritaron que esto parecía real.







P: Como problema epidemiológico, esto es realmente muy difícil, ¿no? No tiene una definición de caso clara para el Síndrome de la Guerra del Golfo incluso hoy en día, tiene docenas de posibles factores de riesgo y no tiene ninguna buena forma de evaluar qué veterinarios estuvieron expuestos a qué factores de riesgo y qué tan grandes fueron las exposiciones. recibió. Entonces, ¿qué te hizo pensar que este era un problema atacable?



R: Muy buena pregunta. Esta es claramente la investigación epidémica más compleja, el problema epidémico que he visto en mi carrera, y creo que es lo más candente que ha sucedido en esta mitad de siglo. El motivo es, no lo que vio, no los problemas de los factores de riesgo y la medición de los factores de riesgo, ese no es el problema.



El problema es la definición de la enfermedad. La mayoría de las enfermedades, la enfermedad del legionario, el síndrome del shock tóxico, el SIDA, las grandes epidemias clásicas hasta ahora en los últimos tiempos, la enfermedad ha sido obvia y hablas con media docena de personas que la tienen, escribes una definición de caso y estudie una población y divídala en los que cumplen con la definición de caso, los casos y los que no, los controles, y ya está haciendo el estudio. A los casos les das un cuestionario para que anoten cuáles han sido sus exposiciones, por ejemplo en SIDA te apuntarían, te hablarían de sus conductas sexuales; Enfermedad del legionario, le dirían dónde estaban en el Hotel Stratford en Filadelfia, y usted recopilaría los factores de riesgo autoinformados.



En una investigación epidémica casi se encuentra la causa porque una epidemia es única en cuanto a que los efectos, el grado de asociación de los factores de riesgo con la enfermedad es tan fuerte que incluso con los factores de riesgo autoinformados, siempre se encuentra. Entonces, el problema aquí no es la medición de los factores de riesgo, puede hacerlo con autoinformes de manera muy satisfactoria. El problema era la definición de caso. A lo largo de 1994 y hasta 1996 realmente nadie más se sentaba y escribía una definición de caso.



Entonces, lo que hicimos fue una encuesta para idear una definición de caso a partir de los datos. Nosotros, de hecho, permítanme dar un paso atrás, cuando les enseñamos a los estudiantes sobre epidemiología, hay un pequeño dicho, decimos: Lo primero que haces en una investigación epidémica es examinar media docena de casos en una epidemia y luego escribes una definición de caso. Y si no puede hacer eso, idee una definición de caso porque no desarrollar una definición de caso significa que está condenado, lo está. Es una conclusión inevitable de que no encontrará nada en una epidemia. Esa es la forma como es.



Entonces, fue bastante factible sentarse y escribir ocho o diez síntomas que muchas de estas personas tenían en común, y esta es una definición de caso. Hagamos un estudio provisional a ver si da resultado. Bueno, nadie hizo eso. Todos dijeron Bueno, estos síntomas los hemos visto antes y, por lo tanto, somos reacios a escribir una definición de caso... Ahora, la razón por la que creo que se mostraron reacios a escribir una definición de caso es porque puede haber escrito una definición de caso. una implicación política y que puede indicar que alguien ha aceptado esto como una enfermedad y hacer eso tendría todo tipo de ramificaciones políticas, por lo que nunca se hizo, y por eso la investigación nunca siguió adelante.

P: ¿Cuál era la hipótesis que estaba probando?



R: La hipótesis que estábamos probando era que lo que pensábamos que eran síntomas vagos e inespecíficos eran, de hecho, un síndrome real. El síndrome se debió a una disfunción cerebral, y eso fue causado por la exposición a combinaciones de organofosforados que trabajarían juntos sinérgicamente. Mientras que las personas que estuvieron expuestas a solo uno, probablemente no estarían enfermas, pero aquellas expuestas a dos o tres serían las que estuvieran enfermas. Esa fue la hipótesis que adelantamos.



P: ¿Y estos organofosforados producirían lo que se llama una neuropatía?



R: Se sabe que los organofosforados producen dos síndromes. La falta de reconocimiento de estos dos síndromes ha sido otra cosa que se interpuso en el camino para comprender este problema. Todos, todos los médicos saben, y los militares lo saben muy bien, que la exposición a los organofosforados puede producir una reacción aguda, inmediata y muy grave que puede causar la muerte. Y eso se debe a la parálisis o unión de una enzima en su cuerpo llamada colinesterasa, y le causa dificultad para respirar, diarrea y lagrimeo y finalmente deja de respirar y puede morir. Si lo supera como se supone que debe hacerlo, lo ha hecho, está totalmente ??... porque la enzima se regenera y vuelve a funcionar normalmente. Y eso era lo que la gente tenía en mente.



Era desconocido para casi todos los médicos y para la mayoría de las personas en el Departamento de Defensa y en todo el país, que existe otro síndrome, que es estar expuesto a algunos organofosforados, pero no todos, ya sea que tenga o no ese síndrome inicial, puede tener una reacción tardía donde varias semanas o meses después se puede desarrollar un espectro de disfunciones neurológicas, las cuales pueden ser permanentes. Y estos están en un espectro de una neuropatía periférica muy florida en la que los nervios de las manos y los pies dejan de funcionar, e incluso puede quedar algo paralizado. También afectación de la médula espinal cuando se desarrolla espasticidad, y en algunas personas, particularmente cuando la exposición es a largo plazo, periódica y a largo plazo y de bajo nivel,



P: Por lo que puedo decir, el Comité Asesor Presidencial y los otros paneles conocen este trabajo. Simplemente no lo consideran muy relevante o, en algunos casos, muy bueno. Se está haciendo un juicio de valor sobre lo que significa este trabajo. Lo han considerado y lo han descartado. No creo que sea solo ignorancia.



R: No. No creo que sea ignorancia. Pero no podría comentar qué es.



P: Pasemos a discutir su estudio y algunos de los comentarios que han hecho los científicos. Una crítica que han hecho varios epidemiólogos es que había un sesgo de muestra.





R: Sí. Ha sido escrito. La crítica de que nuestro estudio contenía un sesgo de selección porque no todos los miembros del batallón participaron es una crítica inválida y así se ha demostrado en nuestras respuestas a esos comentarios.



Lo que hicimos en el estudio es que el 41 por ciento de los miembros de este batallón participaron en el estudio. Le gustaría tener el 100% y sabe que si participa menos del 100%, los que no participaron podrían ser diferentes de los que sí participaron. Esto es muy común en los estudios epidemiológicos que tienen menos del 100 % de participación, por lo que normalmente hacemos un estudio secundario, un estudio de antecedentes, para estudiar a los participantes y los no participantes y compararlos para ver si son diferentes. Hicimos eso y lo publicamos en el periódico, y descubrimos que, de hecho, son idénticos en edad, raza, sexo, niveles educativos, trabajos que realizaron en la Guerra del Golfo, varios factores de riesgo. La única forma en que diferían era en la probabilidad de que tuvieran una enfermedad grave, algún tipo de enfermedad después de la guerra. Pero no fue como la noche y el día. Fue del 70% en los participantes y del 40% en los no participantes. Lo que eso significa es que va a haber un sesgo en nuestras estimaciones de la prevalencia, pero dado que los factores de riesgo estaban equilibrados, eso significa que no habrá un sesgo en nuestra estimación de los riesgos relativos, observando los factores de riesgo, o en la identificación de los síndromes. Es sólo en las estimaciones de la prevalencia de los síndromes.



Por lo tanto, en el documento corregimos nuestras estimaciones de la prevalencia por el hecho de que hubo una disparidad en el grado de enfermedad. Esos fueron corregidos en el periódico, pero no fueron notados por los críticos. Una vez que señalamos eso, creo que todos los científicos que lo revisaron sintieron que respondía la pregunta y que no había un sesgo de selección.



P: Permítanme pasar al tema de los factores de riesgo. Esta es otra cosa por la que ha sido criticado: la forma en que evaluó la exposición. Básicamente, la forma en que evaluó la exposición fue preguntando a las personas si pensaban que estaban expuestas a varios químicos. Ahora, los críticos argumentan lo siguiente: una cosa es confiar en el autoinforme sobre el historial sexual de alguien para un paciente con SIDA o un caso de enfermedad del legionario, y otra cosa es confiar en el autoinforme como una forma de obtener datos de exposición. en un área como esta donde, especialmente en un área política donde estas cosas tienen tanta volatilidad, donde ya han aparecido fuertes sugerencias en los medios.



R: Correcto.



P: Entonces, preguntarle a alguien si ha estado expuesto a armas químicas es remotamente comparable a preguntar si alguien tuvo relaciones sexuales sin condón. ¿Cómo saben los veterinarios si han estado expuestos a armas químicas?



R: De acuerdo, las preguntas sobre la exposición a armas químicas a las que se hizo referencia fueron incidentes en los que el arma química o las armas que se suponía que infectaban el sarín (organofosforados) sonaron las alarmas, los infantes de marina gritaron que esto no es un simulacro, esto es no un simulacro, ponerse los trajes de protección MOP4, y luego la gente tuvo síntomas de gastroenteritis durante las siguientes 24 horas. Quiero decir, si te pregunto si tuviste una experiencia como esa, sabrías si tuviste una experiencia como esa. Entonces, lo que dice nuestro estudio es que los veteranos que tienen experiencias como esa tienen muchas más probabilidades de ser los más gravemente enfermos de los veteranos.



P: ¿Estás insinuando que una experiencia como esa significa que has estado expuesto a productos químicos?



R: Si esa experiencia... está altamente asociada con tener la enfermedad, es una pista sobre la etiología. Ahora, para dar el siguiente paso y decir lo que eso realmente significa, es un tema mucho más complejo entrar en estudios con animales de laboratorio y evidencia colateral de qué armas químicas estaban en el campo de batalla si lo estaban, qué nubes pasaron y así sucesivamente, y eso es no es realmente nuestra área de especialización y, como saben, eso es muy discutido en este momento.



Permítanme decir que no es mi experiencia evaluar evidencia sobre usos químicos en la guerra, y evidencia militar, evidencia de inteligencia, esa no es mi experiencia, así que no puedo comentar sobre eso. Aparte de decir que encuentro muy frustrante toda la confusión y no estoy seguro de que alguna vez vayamos a tener documentación de lo que realmente sucedió en la guerra. Pero no creo que eso sea necesariamente muy importante. Creo que lo importante es centrarse en los males de los veteranos de guerra.



Lo que creo que va a resolver esto es un estudio poblacional sistemático de los 700.000 veteranos desplegados y los 1,4 millones de veteranos no desplegados al mismo tiempo, que no se pasaron a la guerra. Encuestas de muestras aleatorias de aquellas en las que probamos más nuestra hipótesis neurotóxica. Y en realidad estamos planeando un estudio de este tipo y el Departamento de Defensa está aportando fondos para ello. Entonces, en realidad elegiremos una muestra aleatoria de estos dos grupos, los encuestaremos con nuestros instrumentos y repetiremos... casos y controles de regreso a Dallas, haremos pruebas neurológicas intensivas del mismo tipo de condiciones ciegas que antes, observaremos esos factores. e intentar repetir el estudio en una muestra representativa de la población. Creo que si eso resultara en algo similar a lo que encontramos antes, creo que sería muy convincente.



P: Ahora, para generalizar a partir de los pocos Seabees que estudió a las decenas de miles de veterinarios que se han registrado con síntomas, tiene que superar un problema, ¿no?: para que 80 000 veterinarios padezcan neuropatía inducida por organofosforados (OP), tiene haber cantidades suficientes de OP en el campo.



A: ¿Cantidades de qué?



P: Organofosforados.



R: Correcto.



P: Correcto. Ahora los pesticidas que se usaban ahí son los que compras en las ferreterías. Son los que usamos aquí. En cuanto a las armas químicas, ¿cómo se expone un poco a tantas tropas de la Guerra del Golfo esparcidas por todo el Golfo, un área enorme, sin que nadie sufra un ataque agudo? Me parece un argumento muy elocuente contra las armas químicas.



R: No. Absolutamente no. La hipótesis que se plantea es que muchos de estos, que no nadie estuvo expuesto a niveles de alguno de estos organofosforados que, por sí solos, producirían síntomas agudos. Déjame empezar de nuevo. Nuestra teoría es que las personas estuvieron expuestas a niveles bajos de residuos de estos que no les habrían hecho daño, no les habrían producido síntomas agudos, y sabemos que eso es cierto. Nadie fue superado por los organofosforados, por lo que postular que había niveles muy altos no tendría sentido.



P: Pero, ¿cómo se distribuye en un área grande?



R: Es un problema de, es un buen punto. -- Tomemos por ejemplo el uso de pesticidas. Sabemos que había varios usos de pesticidas. Y debido a que los militares estaban muy acertadamente preocupados por proteger a las tropas de los insectos, porque tenían enfermedades letales. Por lo tanto, rociaron los campamentos con mucho cuidado con clorferifós, con Dosman (ph), que es un pesticida con el que hemos luchado aquí en el condado de Dallas y en muchos otros condados de la ciudad, en el estado y en la nación. Están en la práctica común. Pero los niveles bajos circulan, todos están expuestos: muchas personas están expuestas a niveles bajos, particularmente las personas que están afuera por la noche, estarían expuestas a niveles altos, pero no lo suficiente como para lesionar a alguien por sí sola.

Sin embargo, eso es un poco de exposición a pesticidas. lo harías No espero que nadie resulte herido por eso por sí solo. La gente se pone DEET. Después de aplicar DEET al 10 %, un repelente de insectos, típico de OFF o también usando Avon Skin So Soft, ¿obviamente no recibe DEET? Sin embargo, varias de las tropas estaban usando el problema militar que era DEET al 75% y etanol, que se pensaba que era inofensivo. Pero ahora sabemos que, por sí solo, no dañará a un adulto, pero sí que conseguirá niveles elevados en sangre. Además, las personas que estaban tomando perlostigmina, pensaron (?) que estaban tomando una dosis que sabían que no haría daño a las personas, porque damos 10 veces más a los pacientes con tiastina nergravis, por lo que nadie debería haber resultado lesionado por la perlistigmina por sí sola. varias de las tropas estaban usando el problema militar que era DEET al 75% y etanol, que se pensaba que era inofensivo. Pero ahora sabemos que, por sí solo, no dañará a un adulto, pero sí que conseguirá niveles elevados en sangre. Además, las personas que estaban tomando perlostigmina, pensaron (?) que estaban tomando una dosis que sabían que no haría daño a las personas, porque damos 10 veces más a los pacientes con tiastina nergravis, por lo que nadie debería haber resultado lesionado por la perlistigmina por sí sola. varias de las tropas estaban usando el problema militar que era DEET al 75% y etanol, que se pensaba que era inofensivo. Pero ahora sabemos que, por sí solo, no dañará a un adulto, pero sí que conseguirá niveles elevados en sangre. Además, las personas que estaban tomando perlostigmina, pensaron (?) que estaban tomando una dosis que sabían que no haría daño a las personas, porque damos 10 veces más a los pacientes con tiastina nergravis, por lo que nadie debería haber resultado lesionado por la perlistigmina por sí sola.



Sin embargo, la teoría que planteamos es: ¿Qué sucede si está expuesto a tres niveles inocentes que no producirán síntomas agudos, pero si los tres de esos químicos, o dos de ellos, tenemos los síntomas? Además, colocaste cada uno de esos químicos en grupos de animales y no dañaron a los animales. Los animales no tenían síntomas. Pero cuando pones a los animales dos de esos, tienen daño cerebral. (referencia al estudio de AbuDhonia)



P: Entonces, pasemos al grupo al que le hicieron las pruebas neurológicas. Ahora bien, este era un subconjunto del original...



R: Eso es correcto --



P: Estos son los 23 peores casos.



R: No. Para determinar si estos síndromes agrupados en realidad se debían a una condición neurológica o no, seleccionamos a 23 de los veteranos con los síndromes que eran los más típicos de aquellos con los síndromes y luego a 20 controles que no estaban enfermos.



Ahora, ¿qué quiero decir con lo más típico y esto se mete, desafortunadamente, en las matemáticas, pero seguiré adelante y lo haré? En el análisis factorial de cada uno de los síndromes se obtiene lo que se denomina puntuación factorial. Es una puntuación que va de menos uno a más uno con una variación de uno, está bien, una desviación estándar de uno y los que están más altos en esa escala no son los más gravemente enfermos, y esto ha sido malinterpretado por algunos de los críticos, estos son los que son más típicos del síndrome 1 o el síndrome 2. Se parecen más al síndrome 2. Así que elegimos los que están más arriba en la escala porque eran los más típicos del síndrome. No dice nada sobre la gravedad de su enfermedad, solo sobre qué tan típicos son de este grupo que ves. Así que eso es lo que elegimos.





P: Ahora, cuando los neurólogos evaluaron a estos 23 individuos seleccionados que encontró, no pudieron encontrar nada anormal. ¿Derecha?



R: Eso es correcto. Derecha.



P: Y si tomó el grupo de 23 como un todo, los resultados de estas pruebas no fueron tan diferentes de los datos normativos, pero fueron diferentes de un grupo de control.



A: Eso es correcto. Por... la respuesta a eso es que tienes que preguntar qué son los datos normativos. ¿Qué son los datos normativos? Los datos normativos son un grupo de control, pero es un grupo de control de una muestra representativa de la población. Entonces, es un grupo de control muy general y establecen los límites normales contra ese grupo de control de manera muy amplia, para detectar tumores, accidentes cerebrovasculares, esclerosis múltiple y daños neurológicos o enfermedades neurológicas muy obvios, muy dramáticos, porque es por eso que estas pruebas fueron inventado, para detectar tumores, accidentes cerebrovasculares y esclerosis múltiple, cosas similares



No fueron desarrollados para detectar neurotoxicidad porque la neurotoxicidad tiene diferencias muy sutiles con los controles porque, piense en esto, un tumor le daría un gran mordisco en un lado de su cerebro o un accidente cerebrovascular dañaría una gran parte y, por lo tanto, cada parte. parte de su cuerpo que está controlada por esa parte de su cerebro simplemente dejaría de funcionar, por lo que estas pruebas serían muy anormales y es por eso que establecen el control, los límites normales son muy amplios para que solo sobresalgan las personas con esas cosas. ¿Ver? Bueno, eso no es aplicable a la neurotoxicidad porque en la neurotoxicidad el daño es una neurona aleatoria aquí y un axón aleatorio allá en todo el sistema nervioso, o en ciertas partes del sistema nervioso, por lo que ninguna prueba será dramáticamente anormal. Entonces, si configura con confianza, si usa límites c-normales que solo detectan cosas muy dramáticas, debe concluir que no hay nada aquí y ese es el problema al que nos enfrentamos al tratar de diagnosticar esto en el entorno médico habitual.

Mira, estamos aplicando límites normales que se establecieron para más, enfermedades mucho más dramáticas. Entonces, ¿cómo resuelves ese problema? Lo que haces es establecer límites normales mucho más estrictos en las personas, en controles que son exactamente como los casos. como solucionas ese problema? Lo que haces es establecer límites normales mucho más estrictos en las personas, en controles que son exactamente como los casos. como solucionas ese problema? Lo que haces es establecer límites normales mucho más estrictos en las personas, en controles que son exactamente como los casos.



Entonces, lo que hacemos en lugar de seleccionar a la población general para establecer nuestros límites normales como se ha hecho para las pruebas en general, seleccionamos un grupo de control que tiene la misma edad, sexo, raza e incluso nivel educativo que los casos, personas bastante similares. que incluso hacen los mismos trabajos, están en la misma unidad militar, entonces... hacen las pruebas al mismo tiempo y la variación que ven en ese grupo de control normal son los límites normales...

P: La otra cosa que han expresado sus críticos en las páginas de JAMA es que dicen que usó las pruebas neurológicas incorrectas para su hipótesis. Las pruebas incorrectas para OPIDN



R: Sí. Algunos críticos han sugerido que las pruebas neurológicas que utilizamos no eran las que preferirían para esta neuropatía retardada inducida por organofosforados. Desafortunadamente, ese comentario proviene de un malentendido del espectro de los síndromes inducidos por organofosforados. Se supone que el único tipo de enfermedad que se contrae con los organofosforados es una neuropatía periférica grave. Eso es disfunción o mal funcionamiento de los nervios en los brazos y las piernas. De hecho, la verdad sobre la OPIDN, u neuropatía retardada inducida por organofosforados, es que hay un espectro desde, si toma una dosis muy grande de envenenamiento de uno de estos compuestos, todo a la vez en una sola dosis, por lo general alrededor de 10 días más tarde tiene parálisis de -- hormigueo o parálisis en los brazos y las piernas, pero después de un año más o menos tiende a desaparecer, dejando en su lugar una disfunción grave o una disfunción leve de la médula espinal y el tallo óseo inferior. Entonces, los críticos dicen: Bueno, deberías haber hecho estudios de la neuropatía periférica. Bueno, mira, estábamos estudiando esto 3 y 4 años después. Después de lo cual, habría esperado que la neuropatía periférica se hubiera resuelto y desaparecido dejando solo el tallo óseo y la médula espinal. cuando en realidad todos predeciríamos que sólo quedaría el daño del tronco encefálico. Así que vea que refleja solo un malentendido de la progresión de esta enfermedad.





P: Pero pensé que no había evidencia de grandes dosis, síntomas agudos en el campo, o cualquiera de estos típicos...



R: No me aclaré. Si está expuesto solo a pequeñas dosis, por ejemplo, un rociador de pesticidas se expone, no tienen neuropatías periféricas. Y nuestros críticos decían: Deberías haberte hecho pruebas para detectar neuropatías periféricas. Las personas que estuvieron expuestas a pequeñas dosis durante períodos de tiempo y en combinaciones, solo tienen problemas centrales. De hecho, a menudo se los confunde con trastornos psiquiátricos, depresión, esquizofrenia, etc. Entonces, ¿por qué hizo la prueba de neuropatía periférica, cuando pequeñas dosis deberían producir problemas centrales? ¿Problemas del sistema nervioso central? La crítica no tiene ningún sentido según lo que sabemos sobre la enfermedad y lo que esperamos que haya ocurrido en el Golfo. Dosis bajas, combinaciones, tal vez durante un período de tiempo, solo cambios cognitivos, posiblemente de tipo psiquiátrico en el cerebro,



P: Creo que eso es una confusión. La hipótesis que está probando es polineuropatía retardada inducida por organofosforados, ¿verdad?



R: Correcto, y la polineuropatía retardada inducida por organofosforados tiene un espectro de síntomas. Con una dosis grande de una sola vez, se espera una neuropatía periférica. Con dosis pequeñas repetitivas y combinaciones de cosas, se espera que predominen las anomalías del sistema nervioso central. Propusimos que fueran pequeñas dosis durante un corto. durante un período de tiempo y tal vez en combinaciones que producirían hallazgos neuropáticos centrales, los síntomas que tienen los veteranos son de la naturaleza del sistema nervioso central e hicimos pruebas, pruebas neurológicas al cerebro Trastornos del tronco y del sistema nervioso central y de la médula espinal. Nuestros críticos han dicho: Deberías haberte hecho pruebas para detectar trastornos de los nervios periféricos. Pero eso solo ocurre cuando tiene una exposición única grave, e incluso mejora después de uno o dos años, y esto fue tres o cuatro años después, por lo que no ocurre. No tiene ningún sentido probar solo la neuropatía periférica y evitar la prueba de la neuropatía central como han sugerido nuestros críticos. Lo que hicimos fue exactamente lo que querrías hacer.



P: La otra cosa que dicen los críticos es que tienes estos 23 pacientes, que luego se dividen entre tres.



R: Correcto, los síndromes, correcto.



P: Números bastante pequeños, y luego realiza muchas pruebas en ellos y, por lo tanto, se encuentra con lo que a veces se llama el Problema del tirador de precisión de Texas, o el problema de comparación múltiple. ¿Cómo respondes a eso? En estas cosas, ¿no tienes que ser muy específico desde el principio acerca de tu hipótesis? De lo contrario, seguramente encontrará algún tipo de coincidencia.



R: Correcto. El problema del francotirador de Texas es una muy buena crítica. Lo anticipamos y en los artículos respondimos a esa crítica. Hicimos un análisis de la cantidad de pruebas que realizamos en los 23 casos y 23 controles. Analizamos todos los números totales de pruebas que hicimos, cuántos mostraron que los que tenían los síndromes pueden haber sido simplemente los controles. Y, viceversa, cuántas de las pruebas salieron al revés. Los controles más enfermos que los casos. Y luego hicimos una prueba estadística sobre eso para ver si esa diferencia de ese patrón podría haber ocurrido por casualidad. ¿Y sabe cuál es la probabilidad de que eso haya ocurrido debido al efecto del francotirador? Menos de uno en 10.000.



P: ¿Qué opina del argumento de los paneles científicos de que el estrés es probablemente un factor que exacerba los síntomas, mucho más probable, de hecho, que los niveles bajos de sustancias químicas?



R: Correcto. Algunos de los críticos han dicho que los síntomas físicos que tienen los veteranos de la Guerra del Golfo se deben al estrés. Ahora, ¿qué implica realmente ese argumento? La única enfermedad que conocemos en la lista de enfermedades médicas y psiquiátricas causada por el estrés es el trastorno de estrés postraumático.



Escuche, he estado en condiciones estresantes durante tres años y medio estudiando y no tengo trastorno de estrés postraumático, y no tengo efectos fisiológicos. -- Los ejecutivos de negocios están todo el tiempo bajo estrés. Las personas que se ven obligadas a recibir asistencia social o... tienen un estrés terrible. Y nadie ha relacionado nunca este tipo de estrés con los tipos de síntomas que tienen estos veteranos de la Guerra del Golfo. Eso es completamente engañoso.



P: La gente considera que la noción de armas químicas es terriblemente emocionante. Mucho más emocionante que DEET u otros pesticidas, ¿verdad? Pero estás diciendo, ¿te estoy entendiendo bien? ¿Tu teoría no necesita armas químicas?



R: Nuestros hallazgos muestran que nuestro primer síndrome, el síndrome uno, está asociado con lo que parece ser una exposición a pesticidas. El síndrome tres está fuertemente asociado con la exposición al DEET y al bromuro de piridigstigmina, y probablemente sea un efecto sinérgico de los dos. Nuestro síndrome dos, que es el más severo, la mayoría de los veteranos que lo tienen, desempleados muy muy discapacitados con estos déficits neurológicos, neurológicos muy severos. Esto se asoció más fuertemente con factores de riesgo que sugieren fuertemente la exposición a agentes nerviosos químicos de bajo nivel y la toxicidad de la peritostigmina y un efecto sinérgico entre los dos. ¿Nuestra teoría necesita exposición a armas químicas para explicarla? No creo que las teorías necesiten nada. Creo que el problema es que eso es lo que sugieren los factores de riesgo.



Otros, con suerte, duplicarán este estudio y verán que encuentran el mismo efecto. Vamos a hacer el mismo estudio en una gran muestra representativa de veteranos, y tal vez no encontremos lo mismo la próxima vez. Eso es ciertamente posible. Entonces tendríamos que adaptarnos a eso y nuestras teorías tendrían que cambiar. Pero en este momento, sobre la mesa, ese es uno de los factores de riesgo que, y no hay evidencia contraria en veteranos, evidencia epidemiológica, que sugiera que eso no está bien. Es solo que no hay otra evidencia. Nadie más ha hecho un estudio.



P: Quiero volver a la cuestión de la exposición. Para que los agentes químicos expliquen las enfermedades de la Guerra del Golfo, tiene que haber una exposición que llegue a masas de tropas estadounidenses en todo el Golfo. Incluso si las dosis son muy pequeñas, todavía tiene que haber una manera de distribuirlo ampliamente. Me refiero a que los químicos tienen que venir de alguna parte. Ahora, una teoría popular son los bombardeos aéreos. Pero UNSCOM (la comisión especial de la ONU sobre armas químicas y biológicas que ha estado en todos los búnkeres de Sadam para encontrar y destruir las armas) me dijo que, en su opinión, los bombardeos aliados casi no destruyeron ninguna de las armas químicas de Sadam durante la guerra. Y los presioné sobre esto, les dije: "¿Quieren decir que Saddam terminó la guerra con aproximadamente la misma cantidad de armas químicas que comenzó?". Ellos dijeron: "Sí. Una fracción muy pequeña fue destruida".



Ahora, tengo un problema desde el punto de vista de la física básica de cómo hacer llegar estas cosas a tantas tropas si no se voló gran parte. ¿No es ese un problema que debe abordarse? No se puede simplemente decir: Oh, la epidemiología dice lo contrario.



R: Solo soy un epidemiólogo. No estoy calificado para hablar sobre bombardeos aéreos e información de inteligencia y demás. Eso está tan lejos de mi área que simplemente no podría comentar al respecto.



P: Entonces, ¿no se deduce que hubo una exposición química generalizada de lo que ha encontrado, de armas químicas?



R: Nuestra evidencia sugiere con bastante fuerza que las armas químicas, la percepción de la exposición e interacción de las armas químicas, la interacción sinérgica con el bromuro de piridigstigmina es un factor de riesgo grave que debe explorarse. Si hubo exposiciones reales en el campo de batalla, la evaluación de toda la evidencia, la evidencia política y la evidencia de inteligencia está más allá de mi experiencia que realmente no podría comentar al respecto.



P: ¿Pero no es ese el punto? ¿Hay una diferencia entre la percepción de una exposición tóxica y la exposición tóxica?



R: Tenemos un riesgo relativo muy alto, que es un número que indica cuán fuerte es la asociación, con la percepción de exposición química, efecto sinérgico con bromuro de piridigstigmina, que es un hallazgo epidemiológico muy dramático. Cómo cuadra eso con la información de inteligencia es decisión de otra persona.



P: Pero la percepción de una exposición tóxica no es lo mismo que una exposición tóxica real. ¿Correcto?



R: Eso es correcto. Sí. Pero lo que sí tiene que preocuparse es la plausibilidad del testimonio de un testigo presencial frente a la plausibilidad de la información de inteligencia y, de nuevo, eso está fuera de mi área de especialización.



P: Para asentar las ideas de las que venimos hablando, tienes que convencer a tus colegas científicos, no se trata de ser popular entre los veteranos o entre los políticos. Tienes que establecerte en la comunidad científica. ¿Va a ser un trabajo duro?



R: No. Muy fácil. Esa es la parte más fácil del trabajo. Donde ellos, los científicos, se convencen es cuando leen artículos científicos y asisten a reuniones científicas y escuchan presentaciones científicas sobre esos datos. Y eso es. Y luego se forman sus opiniones, o no.

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Nota: Se puede acceder a los artículos de 1997 del Dr. Haley en Journal of the American Medical Association en el sitio web de JAMA . Los artículos de Haley provocaron muchas cartas en JAMA criticando sus estudios. Por ejemplo, lea el editorial del Dr. Philip J. Landrigan "Enfermedad en los veteranos de la Guerra del Golfo". Acceda a esto visitando el sitio web de JAMA . Escriba el nombre de Landrigan y el título de su editorial en la página de búsqueda.







27/6/22

“QUILOMBOS AJENOS”






Cuál era el marco geopolítico del Medio Oriente cuando el gobierno de Carlos Saúl Menem y Cia decidió participar en la guerra contra Iraq de 1991 ¿Estaban en conocimiento y a la altura de aquellas circunstancias?



Cuando el gobierno de la Argentina se involucró en la guerra contra Iraq en 1991, no tenían ni idea en la que se estaban metiendo; esto obviamente está referido a los gobernantes y mandos militares de ese entonces que no midieron en ningún momento las consecuencias de aventurarse en un conflicto como el que se desato en aquel momento y huelga decirlo, no ha terminado.


La ausencia de estudios e informes concienzudos sobre las raíces del conflicto, las posiciones y los argumentos políticos e históricos de las partes involucradas, demostraría ese aventurerismo improvisado del cual se destacaba –y aún continua destacándose- la planificación de los sucedáneos gobiernos argentinos. Así como un sector del peronismo nacional mantenía una prosapia y encendida simpatía por las causas árabes y algunos de sus más destacados líderes, estaban (y continúan) los antagonistas situados en la vereda del frente alineados a Israel y su relato victimizante.


Tanto unos como otros, carecían de conocimiento acabado de las causas que decían apoyar y fuere por ignorancia o por interés, recortaban a gusto las partes de la historia que mejor se acomodara a sus discursos. De esta manera, aquellos que reivindicaban al egipcio Abdel Gamal Al Nasser, al líder palestino Yasser Arafat o al libio Gadafy poco o nada conocían de las diferencias y las particularidades existentes entre los gobiernos y sociedades árabes más allá de las generalizaciones tan comunes entre los argentinos.


Lo mismo se aplica a los activistas y simpatizantes de Israel, quienes cerrándose en un discurso mesiánico y engañoso tratando de ocultar sus propias miserias, pretendían acusar de todo lo malo a los vecinos del estado implantado. En este grupo se hallaban los pro estadounidenses o quienes se autodenominan como “liberales”, un término que adorna muy bien pero que en realidad no dice nada.


Como ha quedado bien en claro por esta época, es que nada de lo que se decía era tan cierto como se suponía y existían aberraciones políticas en la región creadas deliberadamente por la interferencia de Washington, que jamás fueron conocidas y estudiadas por los responsables del área de exteriores y menos aún de la defensa argentina. A la complejidad de las relaciones sociales dentro del mundo árabe islámico se agregaba las inextricables ambigüedades e inconfesables conexiones políticas dentro de este mundo que en apariencias mostraban o decían una cosa pero en la realidad representaban otras. Allí de que, ni todos los árabes son musulmanes ni todos los gobiernos de dicha región, tenían un compromiso firme con la resistencia “árabe-islámica” nacida del llamado “conflicto palestino-israelí”. Es más, varios de esos gobiernos trabajaban clandestina (y hoy quedaron expuestos) y activamente contra los intereses de aquel compromiso a tal punto de traicionar a sus propios hermanos.


La política es el arte de hacer las cosas posible podría decirse, y aquí en el Medio Oriente ese dicho se lleva a los extremos. Para ese entonces, la política exterior de los EEUU y de sus aliados europeos dentro de la región era en apariencias, moderada y de tratar solamente con los “árabes buenos” (como solían distinguir algunos en Washington) encarnados en las petromonarquías del Golfo Pérsico, la ambivalente monarquía del Rey Hussein de Jordania y los gobiernos laicos como el entonces Iraq, Yemen y Egipto.


Este solo es un somero bosquejo de las relaciones existentes allá desde la década de los setentas hasta entrado finales del siglo XX. Dentro de este, existía un entramado de relaciones secretas y subterráneas que se mantenían absolutamente fuera del alcance de la opinión pública y aún más lejos de los medios informativos que quisieran husmear en este campo. Y es que por aquel entonces y con el trasfondo de la “guerra fría” y el cuco del “comunismo”, haber sacado a la luz infidencias que hubieran complicado los objetivos estratégicos de Washington en la región, sin dudas habría sido pagado con la vida o la cárcel demostrando hasta donde llegaba la paranoia del autoproclamado “mundo libre”.


Aquella propaganda que incluso fue explotada hasta el cansancio por las peliculejas de Hollywood en la que se veían a los árabes (sin distinción de nacionalidades) poniendo bombas a los pobres occidentales o a los atormentados judíos de Israel, enmascaraba una realidad tan contradictoria como siniestra en la que las lealtades solo pasaban por el dinero, los negocios sucios y claro, el poder. ¿Quién hubiera podido creer en los años setentas o incluso en los ochentas que los sauditas mantenían contacto con los supuestos enemigos israelíes? O incluso ¿Quién habría podido entender que la CIA trabajaba codo a codo con algunas agencias de inteligencia árabes quienes a su vez, tenían contacto con el odiado Mossad israelí?


Mucho menos existía en la forma como lo pintaban en occidente, esa “lealtad religiosa” que separaba con tanta claridad a los pueblos árabes islámicos de una cultura occidental encarnada en los valores “democráticos” de los EEUU y la entonces llamada “Europa libre”. Más allá de que caudillos árabes como Nasser, Arafat y Gadafy instauraron gobiernos nacionalistas abiertamente antiimperialistas, existían zonas grises por donde se movían los intereses inconfesables que traicionaban a sus bases ideológicas que terminaban traicionando a sus propios hermanos. Esto se vio con mayor profundidad con Arabia Saudita, un ente monárquico creado por Gran Bretaña en el periodo de entreguerras y que en la década de los setentas fue “él” aliado árabe contra el comunismo y el nacionalismo árabe.
El caso de Kuwait no difiere mucho de su vecino ya que nació en 1960 tras haberse descubierto los riquísimos yacimientos petrolíferos del sur de Iraq para lo cual –y estafa mediante- se creó una secesión territorial con una población nómada que respondía a la corona británica.
Tras la segunda guerra mundial, EEUU hereda estos amigos con los cuales desplegaría sus diversos planes en la región. Acuerdos espurios, alianzas imposibles de creer y encargos sangrientos marcaron las relaciones de Washington con todos los actores de esta región (incluyendo a Israel por supuesto), como una forma de mantener a la URSS fuera del escenario.


Con el paso del tiempo muchas cosas fueron transparentándose y aquel halo de misterio que muchos investigadores e historiadores supieron rodear a sucesos impactantes de la época, tenían en el fondo una explicación tan simple como humana. El caso del bombardeo israelí al reactor nuclear iraquí de “Osirak” en 1981, supuso una acción brillante de las FDI israelíes que –que desde la versión fantástica para consumo público- logro burlar las defensas aéreas de Jordania y Arabia Saudita, gracias en parte, a la pericia de los pilotos hebreos. Pero en realidad, aquello pudo ser realizado gracias a la colaboración de la monarquía hachemita que, trabajando en secreto con Washington, apago los sistemas de radar y dejo pasar impunes a los aviones israelíes. De ese modo los aviones F-16 A Netz y sus escoltas, pasaron sin problemas ida y vuelta sobre el desierto saudita.


A pesar de que la Casa real de Fahd se mostraba al mundo como el mediador en el conflicto árabe-israelí y mantenía buenas relaciones con el Iraq de Saddam Hussein, su servicio de inteligencia o mukhabarat colaboraba en el más absoluto secreto con la CIA y éste a su vez interactuaba al mismo tiempo con el Mossad israelí y con el “Iraqi Intelligence Service” (IIS) iraquí. A la palestra y por aquellas fechas, el Departamento de Estado, el Pentágono y por supuesto la CIA, empujaban al partido Baas iraquí para poner a raya a la revolución islámica de Khomeini en Irán no porque representara una amenaza ideológica para la geopolítica de EEUU y los árabes sunitas del golfo, sino por la amenaza económica que representaba la capacidad de producción petrolera iraní a los negocios de las compañías petroleras norteamericanas y británicas asociados –casualmente- los corruptos jeques de la península arábiga y también, para garantizar la estabilidad política de Israel.


Todo era muy difícil de explicar y nadie podría haberlo creído en esos momentos. Recuerden que mientras Tel Aviv cancelaba el progreso nuclear iraquí, Washington estrechaba lazos con Bagdad de cara a encargarle el tema iraní. Incluso para cuando Israel invade el Líbano en junio de 1982 (días antes de que Argentina se rindiera en Malvinas), el Consejo del Comando Revolucionario de Iraq presentó a Teherán una propuesta de alto al fuego para retirar sus tropas y dirigir los esfuerzos contra la agresión sionista. En ese momento en Washington creyeron que sus planes se vendrían abajo y buscaron la manera de mantener a Iraq en el frente de batalla contra Irán a como fuera y como primera medida lo sacaron de la lista negra de los países que apoyaban al terrorismo permitiendo que Bagdad obtuviera un crédito por 300 millones de dólares de la Commodity Credit Corporation (CCC) de la Secretaría de Agricultura de los EEUU, con el cual compraría granos y en caso de que Bagdad no pagase sus deudas por la compras, Washington respondería.


En tanto, las relaciones entre la CIA y la IIS de Saddam eran inmejorables, pero ello no era obstáculo para que al mismo tiempo aquella agencia no cortara sus lazos con los israelíes y los mukhabarat de las monarquías del golfo (en especial con Arabia Saudita) que en esos momentos apoyaban entusiastamente a Iraq. Para 1984 las relaciones con Iraq eran tan estrechas y positivas que la CIA obtenía valiosa información del armamento soviético que nutría los arsenales iraquíes e incluso cooperaban con el entrenamiento de células terroristas (con la cooperación saudita y paquistaní) que luego operaban en Afganistán, Irán y el Líbano.


Como contraprestación, Washington además de catalogar a Iraq como “aliado regional”, facilito a través de la CIA el acceso a las armas de destrucción masiva, entre las cuales se hallaban los agentes químicos “Sarín”, “Tabún” y “Cloro” que (además de usarlas contra los kurdos) servirían para frenar a los iraníes y que luego quince años después George W. Bush bajo falsos argumentos esgrimiría como justificación para invadir Iraq en 2003.


A todo ello y mientras la opinión pública se comía el relato oficial que los medios le vendía una lucha de los “buenos árabes” contra los “malos chiitas iraníes”, los israelíes metían la uña llevando adelante operaciones multimillonarias en contrabando de armas tanto para Iraq como para Irán.
Además de obtener muy buenas ganancias, Tel Aviv se quería asegurar que ambas partes extendieran la contienda y se dañaran mutuamente. En el mismo plan estaba la CIA y fue en esas circunstancias que en 1985 se produjo el escándalo “Irán-Contras” que revelo el doble rasero de la política exterior norteamericana que involucró al Cnel Oliver North, dejando expuesto a la opinión pública, el involucramiento de oficiales militares y de inteligencia estadounidenses en la venta de armas a nada menos que a Irán.


Cuando se desato la crisis entre Iraq y Kuwait en agosto de 1990, EEUU estaba tanto del lado iraquí como de los kuwaitíes; incluso estuvo atento y manipulo el conflicto existente entre las partes por los campos petroleros de Rumaillah. Mientras a Saddam le susurraban al oído que los desagradecidos kuwaitíes le estaban robando el petróleo del sur, otra delegación de la agencia le mostraba al jeque Al Sabah supuestas fotos aéreas que mostraban actividades iraquíes en su territorio. Como se ve, Washington jugo con ambas partes y se encargó de que las tratativas de Jeddah fracasaran propiciando la crisis que se desataría el 2 de agosto de 1990. Ahora bien ¿Acaso alguien en Buenos Ai
res y más precisamente dentro de la Casa Rosada conocía algo de todo esto por aquel entonces?

“SIN MANDATO”


Tres pautas técnico históricas del por qué no hubo un mandato de paz tras la crisis del Golfo Pérsico 1990-1991




Hace unas semanas que había recibido la contestación de un mail enviado por finales del año pasado a un abogado que desde hace un tiempo se halla en la investigación de las circunstancias que llevaron a la intervención de la Argentina en la crisis y guerra del Golfo Pérsico desarrolladas entre 1990 y 1991. 

Según me ha escrito, hoy se halla embarcado en un proceso judicial que ha iniciado a instancias por dilucidar la situación de uno de los por entonces tripulantes del destructor “ARA Alte. Brown”. Puntualmente su trabajo se centra en determinar cuáles fueron las implicancias de la participación armada de la misión naval argentina destinada el 25 de septiembre de 1990 –apenas comenzada la crisis un mes antes- a la zona de operaciones situada en el Golfo Pérsico.


Según me comenta en un extenso texto plagado de citas legales y documentales de carácter histórico, los argumentos gubernamentales para renegar de la situación de aquella misión son claramente lábiles y es una cuestión de la voluntad de los mismos participes para que ellos (esos argumentos) caigan en favor de sus derechos al debido reconocimiento que han venido según su punto de vista, siendo injustamente negados durante ya casi treinta años.


Según se explaya éste, los antecedentes facticos que describen la ubicación, rutas y tareas de las dotaciones navales en aquellos momentos son contestes a un estado de “pre guerra” –termino muy usado actualmente en el derecho Internacional Público-, incluso en momentos previos a desatarse el conflicto. Estaba claro que la situación se iba deteriorando en forma consecutiva y terminaría en una conflagración armada. Ante esto, el gobierno del entonces presidente Carlos Menem advertidos de esta situación y del vacío legislativo para que dos de sus buques de guerra partieran y permanecieran operando en aguas internacionales en vísperas de un posible estallido armado, creo una serie de discusiones entre sus asesores que a la vista de los hechos y la historia, malinterpretaron el alcance de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, haciéndoles creer que con ellas bastarían para justificar su presencia.


La primera pauta que nos marca para entender por qué esta participación no fue una “misión de paz”, está dada por el simple motivo de que el Consejo de Seguridad nunca expidió ningún mandato como instrumento jurídico que obligara en el marco de la organización, a que Argentina aportara ayuda para separar a los contendores (que dicho sea de paso, no se habían trabado en lucha hasta el 17 de enero de 1991). Como acto jurídico, el mandato no surge en forma explícita de la Carta orgánica y más bien subyace del entendimiento que haga el Consejo de Seguridad de cada situación particular que se presente. 

 En este sentido, las interpretaciones que hacen sus miembros tienen un apoyo en el entendimiento armónico del Capítulo VI (arreglo de controversias), VII (intervención posterior al conflicto) y VIII (participación de entidades no estatales) del cuerpo orgánico sin dejar de señalar que, sus determinaciones adolecen de un fuerte contenido subjetivo en la articulación de sus decisiones finales. Teniendo a la vista esta estructura legislativa que sirve para fundamentar un mandato, queda muy en claro que el gobierno argentino de entonces no recibió de Naciones Unidas la orden de intervenir. Lo que sí hizo el gobierno de su país fue, ante pedido expreso y por cancillería, de prestar –ante la formal solicitud- su colaboración para ayudar al Reino de Kuwait, en el marco de las resoluciones que se recuerdan, no son vinculantes (no obligatorias).


Lancha argentina de la misión ONUCA



Una de esas resoluciones es la 678 sancionada el 29 de noviembre de 1990 por la cual se “autorizó a los Estados miembros a que utilizaran todos los medios necesarios” para conseguir la “liberación de Kuwait”. Como se lee, una redacción bastante abierta que dejó al antojo de los interpretes de los gobiernos que protagonizaron la decisión política de intervenir en la crisis, entender lo que más les conviniera y así por ejemplo extendieron su interpretación para más tarde fundar la resolución 1441 para justificar la irreverente invasión del 2003. Como puede verse, no hubo en esta resolución ni en ninguna de las sancionadas en el período previo a desatarse el conflicto (el 16 de enero de 1991), mandatos o el establecimiento expreso de una misión de paz dado que (por una cuestión lógica), para ello debería primero haberse desatado una guerra y luego allí, remitir un contingente bajo bandera de Naciones Unidas para separar a las partes. En el caso de la crisis que surgió de la entrada de Iraq a territorio kuwaití, no hubo posibilidad de llegar a establecer dicho mecanismo ya que en apenas unas horas, las fuerzas iraquíes tomaron el emirato y simplemente los kuwaitíes habían desaparecido por lo cual, no había a quien separar.


De allí vamos a la segunda pauta. En este sentido el profesional nos recuerda que, desde el momento que la misión naval argentina llego a la zona, paso a ser parte de la primera fase de las operaciones de custodia y defensa del litoral marítimo de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos denominada “Escudo del Desierto”, enmarcadas en el temor de que Iraq lanzara una ofensiva para extenderse hacia el sur. La misma se desarrolló dentro de un área que se denominó “Teatro de Operaciones” comandada por las Fuerzas Armadas de los EEUU en todo lo que respectaba a las operaciones aéreas y marítimas y las de Arabia Saudita y otros países árabes e islámicos en lo referente a las operaciones de tierra (esto obviamente hasta el comienzo de la segunda fase). En ningún momento hubo oficiales o representantes u observadores de Naciones Unidas en ese lugar simplemente, porque dicha organización no participaba en las operaciones.


Ahora bien, es aquí donde nos señala tres pautas para determinar cabalmente por qué no existió un mandato. Primero que todo, la zarpada de la misión naval compuesta por un destructor (ARA Ate. Brown) y una corbeta (ARA Spiro) lo hicieron con su equipamiento de guerra completo e incluso, fueron reabastecidos de pertrechos en el camino. En este sentido nos recuerda, que de haber existido un mandato de la ONU –como recurrentemente alegaban desde su gobierno- esos busques no habrían podido salir y participar con esas características operativas sin cumplir con los requisitos básicos que una misión de paz requiere.


Lancha argentina de la misión ONUCA



En la etapa de la crisis del Golfo que temporalmente abarco desde el 2 de agosto de 1990 hasta el 16 de enero de 1991, hubo un estado “pre-bélico” y el objetivo trazado para las naciones que se unirían a la convocatoria de formar una “Coalición multinacional”, estaba en formar parte de una planificación militar destinada primeramente a doblegar al adversario que estaba representado en la república árabe de Iraq. En este sentido, durante toda esa etapa y bajo la denominación clave “Operación Escudo del Desierto” se comenzaron a implementar las primeras medidas hostiles que fueron increyendo a medida que iba pasando el tiempo. Una de ellas fue el bloqueo de los puertos y rutas comerciales iraquíes, actividad que la misión argentina cumplió con destacado mérito junto a la armada de otros treinta un países.


En este sentido, indica que según la estrategia trazada por el entonces Comando Central de Operaciones USCENTCOM y sus respectivos comandos NAVCENT y CENTAF encabezado por los EEUU, era –entre una larga lista de objetivos- estrangular la capacidad de abastecimiento y sostén económico comercial de Iraq, objetivo que como se pudo comprobar se cumplió exitosamente.


Como nos señala, en todo este despliegue y de los antecedentes fácticos que se recopilan de aquellas operaciones militares, no se halla un solo rastro de la participación de Naciones Unidas, requisito mínimo para pretender la existencia de un presumido mandato.


Para dejar en claro ello pasa a darnos la tercera pauta, exponiendo un evento que sucedió casi al mismo tiempo de esta crisis y en el cual la Argentina participaba bajo los auspicios de Naciones Unidas en cumplimiento sí, de un mandato de paz que se dio en el Golfo de Fonseca situado en centro América (ONUCA). 

En este caso, dos lanchas patrulleras argentinas clase “Dabur” (de origen israelí), con una reducida tripulación fueron remitidas entre 1990 a 1992 a la zona de conflicto en misión de mantenimiento de paz con el fin de separar a los contendientes y evitar nuevos choques armados.

Para llevar adelante esta misión y como requisitos de dicha determinación las lanchas fueron desprovistas de su armamento, pintadas de blanco con la leyenda “Naciones Unidas” en sus cascos y solo tenían como misión el patrullaje y control visual ante posibles incursiones de las facciones guerrilleras que operaban en la zona.


Otro dato importante que señala es que ambas lanchas enarbolaban en sus operaciones la bandera de Naciones Unidas y sus dotaciones cambiaron sus gorras con insignia de la prefectura naval argentina por las conocidas boinas azules, color representativo de la organización internacional.


Por el contrario en la caso de la “crisis” y posterior “guerra” en el Golfo Pérsico, nada de ello ocurrió. No hubo desarme de los buques, ni retiro de las insignias de guerra, ni cambios en la indumentaria de los tripulantes de ambos navíos, ni la presencia de algún observador de la organización internacional a bordo de alguno de los buques y mucho menos, el arriado de la bandera de guerra nacional por la de Naciones Unidas. Por el contrario, los tripulantes de las naves apenas salieron rumbo al Medio Oriente y durante toda la travesía, se ocuparon en tareas de adiestramiento para el combate, pruebas de tiro y de preparación de los diversos armamentos a bordo.


Estas notables diferencias que resaltan a las claras aún para el lego en el conocimiento de la extensa legislación internacional, marcan notables pautas jurídicas que vienen a informar y a identificar con una clara precisión, cuáles fueron las reales incumbencias y proporción de la intervención de la misión naval argentina en aquellas particulares circunstancias que no hay que perder de vista, culminaron con una catastrófica guerra y de la cual ésta misión naval, participó activamente.