China da un golpe en el orden mundial frente a Trump con su m煤sculo tecnol贸gico
El encuentro entre Trump y Xi Jinping previsto para este mes reflejar谩 la reconfiguraci贸n silenciosa de poderes en el tablero global y la colisi贸n entre dos modelos, con el gigante asi谩tico ganando terreno.
Dos d茅cadas despu茅s de sacudir la globalizaci贸n con su ingreso en la Organizaci贸n Mundial del Comercio (OMC) y su avalancha de manufacturas baratas, China vuelve a alterar el orden mundial. Esta vez, el golpe en la mesa de Pek铆n no procede de sus bajos costos, factor que le otorg贸 el estatus de Gran Factor铆a Global, sino de una reconfiguraci贸n deliberada, planificada y bien perge帽ada de su modelo productivo.
Lo sorprendente es que este cambio de paradigma se est谩 vislumbrando con suma nitidez en pleno voltaje geopol铆tico por la guerra en Ir谩n. El conflicto encareci贸 la energ铆a, tensionado el comercio y reordenado las cadenas de suministro y valor en todo el planeta, y dej贸 traslucir una inusitada capacidad de resiliencia en la segunda superpotencia econ贸mica del planeta.
El PIB chino retorn贸 a la reci茅n abandonada meta de crecimiento del 5% entre enero y marzo despu茅s de acelerar una mutaci贸n estructural que empez贸 a mostrar mayor musculatura e influencia internacional.
El contraste de la coyuntura global es ya revelador. Mientras las potencias industrializadas temen por la denominada estanflaci贸n (inflaci贸n y estancamiento econ贸mico) y otros mercados importadores de combustibles f贸siles acusan el shock del oro negro, Pek铆n est谩 amortiguando este impacto. Lo hizo gracias a a帽os de diversificaci贸n energ茅tica, con un aumento de la extracci贸n de carb贸n, proliferaci贸n de reactores nucleares y, sobre todo, fuentes renovables, lo que elev贸 sus reservas estrat茅gicas y reducido su dependencia del crudo del Golfo P茅rsico.
China, en definitiva, reforz贸 sus escudos de seguridad energ茅tica. Tanto, que ahora act煤an como estabilizadores autom谩ticos dentro de un entorno vol谩til. La escalada b茅lica no hizo descarrilar un patr贸n de crecimiento que parece blindado ante shocks externos.
Pero el aut茅ntico cambio de paradigma emerge bajo la superficie de estos datos agregados. El vigor del PIB sigue apoyado en la industria y las exportaciones, aunque ya no tanto en sectores tradicionales que definieron el llamado primer shock chino, en el inicio del milenio. Ahora son los veh铆culos el茅ctricos, las bater铆as, los semiconductores y los negocios digitales los que propulsan la actividad. La producci贸n de alta tecnolog铆a crece a doble d铆gito, la automatizaci贸n industrial se acelera y la IA se integra en el tejido productivo con la aquiescencia del Estado y sus recursos.
Todo ello engendr贸 un nuevo escenario. China sigue compitiendo v铆a precios. Pero tambi茅n lo hace en la escala tecnol贸gica y con f茅rreos controles sobre sus cadenas de valor y de suministro.
Este viraje est谩 respaldado por una estrategia pol铆tica expl铆cita, adem谩s de en sus planificaciones plurianuales. El liderazgo de Xi Jinping enfatiza la autosuficiencia tecnol贸gica, la construcci贸n de modelos industriales “de gesti贸n controlables” y la expansi贸n de la demanda interna, genuina definici贸n de las econom铆as de rentas altas, aunque a煤n incipiente en el gigante asi谩tico, como complemento a su motor exportador. Un modelo que no obstante muestra fuertes d茅ficits, entre otros, un d茅bil consumo de hogares, una inversi贸n privada que fluct煤a pero revela descensos, un mercado laboral con contracciones y episodios de deflaci贸n.
“La agenda reformista de Jinping no est谩 exenta de fricciones”, anticip贸 el economista Hao Zhou, quien augur贸 una transici贸n con grandes vaivenes. En especial, porque el pulso competitivo y la rivalidad geoestrat茅gica con EE.UU. puede pausar su itinerario.
En este contexto, la anunciada y no corroborada cita entre Donald Trump y Jinping de mediados de mayo deja varias inc贸gnitas sin resolver y de especial enjundia. Las negociaciones entre las dos superpotencias no se reducen 煤nicamente a un acuerdo sobre aranceles o a una rivalidad geopol铆tica stricto sensu. Washington y Pek铆n revelan un choque de modelos econ贸micos en una alocada carrera por la hegemon铆a internacional. Mientras EE.UU. intenta contener el ascenso tecnol贸gico de Pek铆n con vetos comerciales, subsidios industriales y presi贸n sobre sus aliados, China responde con m谩s autonom铆a, ingentes inversiones en innovaci贸n, diversificaci贸n productiva y refuerzo de su capacidad para sobreponerse a un horizonte de fragmentaci贸n de mercados.
Estas son las pautas que definen el segundo shock chino, que rezuma una enorme habilidad para adecuar el boom tecnol贸gico a su estrategia econ贸mica planificada y a su tejido productivo. A diferencia de su anterior modelo, basado en exportar deflaci贸n a costes reducidos, el actual combina sus excedentes industriales con un liderazgo creciente en sectores neur谩lgicos para la transici贸n energ茅tica y la digitalizaci贸n.
Este salto adelante, adem谩s, provoca da帽os colaterales a discreci贸n, y no solo en adversarios como EE.UU., que ve cuestionada su supremac铆a tecnol贸gica. Tambi茅n en socios comerciales como la UE, que se enfrenta a una nueva oleada de competencia en energ铆as verdes; y en sus vecinos asi谩ticos, que rivalizan entre s铆 por integrarse en cadenas de valor dominadas por Pek铆n.
La guerra en Ir谩n evidencia la resiliencia activa china a partir de una arquitectura econ贸mica que empez贸 a no depender del orden liberal para prosperar y que marcar谩 el reencuentro entre Trump y Jinping.
La triple palanca IA-tierras raras-chips
El almirante estadounidense Brad Cooper lo resum铆a con crudeza al describir el impacto de la IA en la guerra: “Estos sistemas convierten procesos de horas o d铆as en segundos”. La aceleraci贸n operativa define el nuevo campo de batalla econ贸mico y China decidi贸 dominarlo desde la base industrial hasta el control de insumos cr铆ticos (bienes e instrumentos esenciales para crear escalas de valor).
El resultado es una demanda global creciente (y cada vez m谩s inc贸moda para Occidente) de tecnolog铆a china. Es otro signo de identidad de la versi贸n made in China 2.0: cat谩logo de servicios y productos avanzados que combinan calidad, escala y precio. De sensores para veh铆culos el茅ctricos a robots industriales o bater铆as, las empresas chinas est谩n colonizando segmentos de alto valor a una velocidad que desconcierta a sus rivales. “Las que sobreviven en el mercado del gigante asi谩tico son imbatibles en cualquier lugar del mundo”, admiti贸 un inversor del sector que subraya un ecosistema donde la competencia feroz comprime m谩rgenes, pero multiplica la eficiencia.
Esta din谩mica no es casual. Responde a una sucesi贸n de factores de dif铆cil r茅plica armada desde Pek铆n con subsidios masivos, abundancia de ingenieros, integraci贸n productiva vertical de cadenas de suministro y presi贸n competitiva que obliga a innovar continuamente. El resultado es una deflaci贸n tecnol贸gica global articulada con un extenso cat谩logo de ofertas sofisticadas a precios decrecientes que acaba expulsando a los competidores occidentales, incluso en sectores tradicionalmente protegidos.
La batalla por la hegemon铆a de los chips es el arma m谩s precisa de esta guerra sin tregua por la soberan铆a digital. China, lejos de quedar rezagada por las restricciones de Washington, logr贸 redoblar su capacidad de autosuficiencia. Programas de ayudas masivas como el de Shangh谩i se revelaron excelentes en el desarrollo de chips dom茅sticos, hasta el punto de que los componentes m谩s famosos de los circuitos integrados podr铆an representar el 55% del mercado nacional de aceleradores de IA en 2027, frente al 17% en 2023. “Los controles a la exportaci贸n han creado una oportunidad 煤nica para los fabricantes locales”, se帽alaron analistas de Bernstein. Incluso con limitaciones tecnol贸gicas, firmas como Huawei est谩n cerrando la brecha digital y consolidando un ecosistema menos dependiente de Occidente.
Sin embargo, el cambio de paradigma no se limita a vender m谩s tecnolog铆a, sino a controlar su difusi贸n. Pek铆n pas贸 de facilitar la transferencia tecnol贸gica a restringirla con vetos a ventas al exterior, pero tambi茅n con supervisi贸n pol铆tica a la concesi贸n de licencias que buscan evitar que su know-how estrat茅gico deje el pa铆s. “Es poco probable que China permita que salga algo realmente valioso”, dijo un funcionario comercial occidental. La paradoja resulta evidente para Financial Times: el mundo quiere tecnolog铆a china, pero Pek铆n decide qui茅n puede acceder a ella y en qu茅 condiciones.
Este soft power chino se amplifica con su dominio de las tierras raras y su poder para estrangular los cuellos de botella de un mercado clave para la industria de los semiconductores, la defensa o la automoci贸n el茅ctrica. China concentra desde hace decenios su producci贸n global, lo que le report贸 un arma estructural que se convirti贸 en palanca geopol铆tica con el boom de la IA.
Un arma contra Occidente, que construy贸 sus industrias “sobre bases inestables” al beneficiarse de materiales baratos cuyo verdadero costo (ambiental y estrat茅gico) no fue digerido por sus sistemas productivos, precisa Patrick Schr枚der, investigador en Chatham House. Para Wendy Cutler, antigua negociadora americana con China, el encuentro Trump-Jinping de este mes va a ilustrar, de nuevo, la asimetr铆a entre ambas superpotencias en chips avanzados. Pek铆n –avisa– negocia cada concesi贸n a cambio de un precio. E incluso cuando concede treguas, “conserva intacta su capacidad de presi贸n”.
Bo Zhengyuan, socio de la firma de investigaci贸n de mercados Plenum, anticip贸 que “no habr谩 un ganador claro en la pr贸xima d茅cada”. En su opini贸n, est谩 en juego un desaf铆o doble. Por un lado, por el liderazgo tecnol贸gico y, por otro, por el dominio de la arquitectura del poder econ贸mico global.
Control comercial, energ铆a verde y orden monetario
Pero los esteroides geoestrat茅gicos de Pek铆n no se reducen solo a la revoluci贸n tecnol贸gica que inici贸 hace un decenio y aceler贸 tras la Gran Pandemia. Tambi茅n se aprecia en su control sobre puertos y rutas comerciales. Es una piedra angular de su edificio multilateralista, en el que Pek铆n desea instaurar su renovado poder econ贸mico. China teji贸 estos a帽os una red inversora muy tupida e hilvanada de enclaves portuarios en m谩s de 90 naciones con una factura financiera de unos 24.000 millones de d贸lares que sigue una trayectoria geoestrat茅gica n铆tida: gestionar los cuellos de botella que atenazan el comercio mundial. Es decir, las pasarelas como Suez, Malaca o Panam谩.
Dylan Spencer, acad茅mico especializado en el an谩lisis de rutas e infraestructuras comerciales, cree que esta proyecci贸n del capital chino en el exterior “no es una f贸rmula aleatoria, sino que se agrupa en torno a corredores de riesgo y valor elevados, donde el control log铆stico equivale a influencia econ贸mica sostenida”. A ello, a帽adi贸, se suma la integraci贸n de cadenas cr铆ticas de suministro: desde puertos conectados a hubs productivos, de transporte, energ铆a o rutas de exportaci贸n.
Alexander Wooley, del laboratorio de investigaci贸n AidData, a帽adi贸 que Pek铆n busca garantizarse “la seguridad estrat茅gica” de flujos comerciales. “Est谩n tejiendo una arquitectura mar铆tima que redefine la globalizaci贸n desde las redes de infraestructura”.
El pulso entre Pek铆n y Washington tambi茅n se libra en el orden monetario global. China busca internacionalizar el yuan –o el renminbi, su unidad en el mercado cambiario- sin renunciar al control estatal. Zongyuan Zoe Liu, investigadora en el Council on Foreign Relations, advierti贸, sin embargo, que la expansi贸n de stablecoins vinculadas al d贸lar –un negocio potencial que se valora en 1,75 billones—supone una amenaza para los intereses de Jinping. “Abrir铆a un canal de transacciones en billetes verdes americanos que Pek铆n no podr铆a fiscalizar y erosionar铆a los pilares de su soberan铆a financiera”.
Sin duda por ello –alerta en Foreign Policy—, China impulsa sus propias alternativas: desde el sistema de pagos CIPS hasta experimentos con el yuan digital y stablecoins offshore en Hong Kong. Eso s铆, con protocolos que priorizan la trazabilidad y supervisi贸n de los movimientos monetarios. Aun as铆 –sostiene Josh Lipsky, director en el Atlantic Council–, el auge internacional del yuan “no puede ser una mera coincidencia” con el surgimiento de crisis o la instauraci贸n de sanciones occidentales a terceros pa铆ses, que les obliga a diversificar transferencias.
El d贸lar mantiene una ventaja estructural dif铆cil de erosionar a corto plazo. Pero no es un aval eterno. El avance del yuan tiene visos de realpolitik. En marzo, super贸 el 56% de las transacciones vinculadas a China y su sistema CIPS proces贸, con 茅xito, m谩s de 1,2 billones de yuanes diarios.
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