11/3/26

𝐂𝐔𝐌𝐏𝐋𝐈𝐄𝐍𝐃𝐎 𝐏𝐑𝐎𝐌𝐄𝐒𝐀𝐒​​





¿Por qué no es cierto que las cosas van tan bien para las fuerzas estadounidenses y que Irán está acabado, como dice el presidente Donald Trump?



Por Sir Charlattam

Hace apenas unas horas, unidades del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) demostraron a sus enemigos que sus fuerzas no solo están intactas, sino también plenamente operativas, demostrándolo sobre el terreno. En la 30.ª oleada de la Operación Promesa Verdadera 4, los iraníes lanzaron una poderosa ofensiva que, además de destruir objetivos enemigos, los dejó sin palabras. ¿Acaso no habíamos destruido su red de mando y control?

A pesar de los informes sobre el ataque y la destrucción de las estructuras de comando y control, del Ministerio del Interior y de las instalaciones de inteligencia, las fuerzas iraníes parecen estar en muy buena forma, contrariamente a la supuesta eficacia de la que tanto se jactan Hegseth y Trump.

Con el paso de los días, los iraníes han lanzado diversas versiones de sus misiles balísticos y drones, desde los modelos más antiguos hasta los más sofisticados, sin que los estadounidenses los hayan clasificado. Tan solo en las primeras etapas de esta respuesta, han causado graves daños a instalaciones militares y de inteligencia estratégicas de Estados Unidos e Israel, forzando el establecimiento de una estricta pero inútil censura de la información.

Si tenemos en cuenta que las primeras oleadas utilizaron viejos misiles balísticos y drones de bajo coste, que entre otros objetivos lograron pulverizar las bases de Erbil, Dubai y Bahréin y acabar con la red de alerta temprana que proporcionaban los radares del costoso sistema de interceptación de misiles THAAD en Jordania y Kuwait, queda claro que Irán está guardando lo mejor para el final para dar una sorpresa muy desagradable a quienes creían que caerían de bruces ante este astuto crimen.

En las últimas horas, se han comenzado a lanzar los misiles más avanzados, de los cuales Washington tenía cierta experiencia, pero no había visto su rendimiento en un campo de pruebas, y mucho menos en el campo de batalla. La eficacia y el poder destructivo de estos misiles quedaron patentes con los ataques a bases militares en los territorios ocupados, el puerto de Haifa (Yaffa), el centro de Tel Aviv, especialmente contra instalaciones de seguridad e inteligencia, y el propio aeropuerto Ben Gurión, que sufrió graves daños que obligaron a su cierre preventivo.

En esta ronda de ataques, el CGRI utilizó una de las versiones modernas del misil «Kheybar», que se caracteriza por su capacidad para transportar ojivas pesadas con potencia explosiva. Estos detalles fueron confirmados por los rescatistas en la base «Bir Al Sabe» y en los objetivos atacados en Tel Aviv, donde los daños son tan graves que la censura militar ha intentado impedir la difusión de imágenes.


Otro detalle que los líderes políticos y militares israelíes no comentaron es la ineficacia de sus sistemas antiaéreos estadounidenses Iron Dome, PAC-3 y Patriot para interceptar estos últimos ataques, sumada a la imposibilidad de detener misiles con ojivas de racimo, lo que ha sembrado el pánico entre la población israelí, cada vez más consciente de la necesidad de huir del país. Uno de los que abandonó Israel apresuradamente y huyó en secreto en un avión civil fue el propio Bibi Netanyahu, quien ya no se conformaba con sobrevolar el Mediterráneo, sino que (según fuentes de inteligencia) aterrizó en Alemania, donde se ocultó y fue protegido por el gobierno.

La situación parece muy peligrosa para los agresores. Uno de los factores que favorece la permeabilidad de los misiles iraníes es precisamente la ceguera infligida a sus sistemas de cobertura antimisiles THAAD, dos de los cuales fueron destruidos, uno en Kuwait y otro en Jordania. A esto se suma la notoria eficacia de la guía y direccionalidad de los misiles, que, según se informa, cuenta con la asistencia de inteligencia electrónica china que, además de la guía, interfiere o cancela las señales wifi utilizadas por los sistemas de interceptación israelíes, lo que dificulta enormemente la comprensión tanto de israelíes como de estadounidenses de cada ataque iraní.

Pero además de la invaluable asistencia tecnológica que, según se informa, Teherán está recibiendo (lo que pone las cosas en igualdad de condiciones), cada vez es más evidente que la eficacia de los recursos de inteligencia iraníes que operan en Israel y la Península Arábiga también está teniendo un impacto, al proporcionar información que sirve para frustrar las constantes campañas de desinformación que el Mosad y sus socios intentan imponer a través de los medios de comunicación. Según informes de fuentes anónimas, algunos misiles y bombas de racimo cayeron sobre las oficinas del Shin Bet, matando a varios de sus empleados, lo que solo habría sido posible con un objetivo preciso desde tierra.

Debido a este último factor, el equipo de seguridad personal del primer ministro israelí tomó la medida de expulsarlo inmediatamente de Tel Aviv, trasladándolo constantemente y, de ser posible, manteniéndolo oculto en lugares seguros y remotos como Alemania, actualmente el mayor defensor de las políticas israelíes en Europa. Así, Netanyahu puede aparecer en televisión y decirle a su gente que tiene el control de la situación desde un lugar seguro en Israel, cuando en realidad no es así.

En cuanto a los israelíes de a pie, ya están presenciando el fracaso de las defensas de las que se jactaban contra los cohetes convencionales de la resistencia palestina e incluso contra los misiles lanzados desde el sur del Líbano. Escenas de pánico y gritos lastimeros abundan en las redes sociales y, con el paso de los días, podrían convertirse en ira dirigida contra Netanyahu y su gobierno, autores e iniciadores de esta nueva guerra. A esto se suma la disminución de las existencias de misiles interceptores, que no solo son escasos sino también muy caros, a pesar de que son los estadounidenses quienes pagan la factura.

Finalmente, respecto a los comentarios del presidente estadounidense y su círculo íntimo sobre el curso de los acontecimientos, la notoria inconsistencia entre sus declaraciones y los hechos reales es una estrategia infantil para ocultar lo que está sucediendo. La realidad del error cometido es tan evidente y palpable como su gravedad; no se ve, pero se siente.

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